ACONCAGUA, Diciembre 2006


Día 1 (Viernes 8):
Comienza la aventurua, viaje de Neuquén a ciudad de Mendoza...

Arrancamos temprano en Nqn con las compras en Walmart de toda la mercadería y partimos 11 am. Un ratito antes habíamos jodido por última vez a Guille (antes de esta movida, porque los planes siguen siendo joderlo mucho) para retirar los windstopper que recién llegaban por Andesmar. Mientras Fer terminaba con la lista en el supermercado lo llevé de vuelta a su casa al Capo y sus últimas palabras junto con el abrazo fueron "vayan tranqui que van a llegar arriba!". Cuando vuelvo a encontrarme con Fer y le cuento, ya nos agarró una euforia que nos sentíamos al menos en "Nido de Cóndores", pero tranquilos chicos que sólo estábamos cargando bolsitas en la playa de estacionamiento de Walmart Neuquén.

El viaje tranqui (Fer manejó hasta San Rafael y yo desde ahí hasta Mendoza). El único problemita fue que nos sacaron (al pasar de La Pampa a Mendoza) unos morrones y unas naranjas que traíamos desde Neuquén en la barrera fitosanitaria. Llegamos a Mendoza 19 hs y se presentaron algunas demoras para ubicar el Hostel. Fernando me reprendió por cometer un error infantil para cualquier navegante profesional como yo, usé una referencia móvil para ubicar al piloto y lo dejé sin "referencias para el frenaje" (dimos unas vueltas medios desorientados y en un momento le dije "por acá ya pasamos" basándome en un culo divino que iba caminando y antes lo habíamos visto en otra esquina diferente, claro! la dueña iba caminando). Una vez salvado el error (y discusiones al margen) nos presentamos en el Hostel Saviglianco y descargamos en la habitación todas las cosas. Paseito por la peatonal con cerveza y un rato más tarde un bruto bife de chorizo con "matices" de "la última cena" hasta ahí no sabíamos quien traicionaría a quien pero a esa altura, Mendoza estaba tan lindo, que yo ya estaba planeando quedarme en la Ciudad y mandarlo solo para arriba a Fernando. Más tarde intentaría buscar la Mendocina de las 30 monedas de plata y ojalá el ahorcado no fuera yo. QUE BUENO ESTÁ MENDOZA POR DIOS! a dormir para espantar los demonios porque los planes son otros (creo).


DIA 2 (Sábado 9):
Compra de permisos y a internarse en la montaña, desde Mendoza a Penitentes...

Comenzó el día temprano con la gestión de los permisos. Llegamos un rato antes de las 9 AM y eso nos sirvió para ir conociendo a los primeros "colegas" que también habían madrugado. Antonio y Carol, un matrimonio de gringos de California que pagaron su permiso $700 por ser extranjeros (nosotros $200). A la salida olvidaron un Nalgene (cantimplora) que a esta altura tenemos en nuestro poder con la idea de encontrarlos en alguno de los campamentos y poder devolvérselo. (hablando de "a esta altura" debo decir que de tempranito nomás se me empieza a armar lío con los tiempos verbales, mientras transcribo las anotaciones de mi libretita, me doy cuenta que muchas cosas las conté en pasado, cuando me ponía al día con "los hechos" y muchas cosas las anotaba en presente porque ocurrían en el mismo momento que escribía mientras hacíamos "nada" aclimatando en el campo base. Así que, vamos a tener que hacer un trato....si les gusta así..... bien, sino; hagan como que les gusta y sino se compran un libro del algún buen escritor de esos que abundan y disfrutan de sus virtudes narrativas y listo).

Desde Turismo nos fuimos hasta un supermercado Norte a pagar los permisos en un Rapipago y aprovechamos para hacer las compras que nos faltaban (además de reponer los morrones y las naranjas que "nos hicieron" al entrar a la provincia de Mendoza). Una vez que estuvo todo listo volvimos al Hostel para cargar todo y salir a las 11 AM hacia Penitentes. Llegamos a las 13 hs al Refugio "Cruz de Caña" y lo conocimos a Osvaldo, uno de los socios de Lanko, la empresa que nos prestaría el servicio de mulas, baño, carpa comedor y demás. Luego de la presentación nos fuimos con Fernando a un parador y si anoche habíamos tenido "La Ultima Cena", este almuerzo no tuvo nada que envidiarle. Milanesa, papas fritas y tinto...... de Antología.
Salimos del parador y entre provechito y provechito sacamos unas fotos con el Tolosa de fondo. El resto de la tarde la pasamos armando la carga que saldría para el campo base en las mulas al día siguiente. Finalmente armamos los bolsos y Fernando demostró ser un digno alumno de Ariino para calcular pesos (midió a ojo de buen cubero, distribuyó y nos quedó un bolso de 29 kg y uno de 30, nuestro límite eran 60 Kg). Ahora que lo pienso.....Ningún "digno alumno" Adrián Ariino hubiera reemplazado todo ese equipo con una llave alem de aluminio ultraliviano, dos parches, un billete de $2 y su GPS.

Aproximadamente mandamos unos 33 kg de comida y unos 26 de equipo que volveremos a ver en unos 3 o 4 días en Plaza de Mulas. Mientras armabamos los bolsos, recibimos algunas recomendaciones de "el turco" Mir un guía del Parque con mucha experiencia (creo que nos mencionó 33 cumbres en el Aconcagua). Nos tiró datos y consejos sobre la hidratación, ritmo al que se debe ascender en "la canaleta", que tratemos de seguir a algún grupo con guía y que usemos a partir de Plaza de Mulas, Campo 1, Campo 2 y Campo 3 (Canada, Nido, Berlin) además de algún dato sobre como salir de Berlín hacia la cumbre de noche. Una y otra vez repetía sin parar "Mulas, Canadian Place, Nido, Berlin" mencionado entre campamento y campamento la altitud de cada uno ante nuestra atenta mirada, parecía como si quisiera que lo manejaramos con los ojos cerrados, al menos en la teoría.

Tampoco se privó de "mojarnos la oreja" mientras comentaba con Osvaldo si teníamos chance o no de hacer cumbre. Arrancó diciendo que el no hacía pronósticos y la remató con una frase lapidaria como "capaz que dan una sorpresa"....Un grande el Turco. Como no tenernos desconfianza? Si nos vió dudando y analizando cada cosa mientras armábamos los bolsos sin contar las huevadas que debemos haber dicho.
Ya siendo de noche fuimos hasta el hotel, miramos algunos detalles del Handy y el GPS (cargamos los últimos WayPoints) comimos una pizza y a dormir. Ah!! también tuvimos algún cruce de palabras con el chef del hotel sobre algo de carne que necesitabamos cocinar. Suponíamos que ibamos a estar en un hostel donde dispondríamos de una cocina para "saltar" algo de carne para los 3 primeros días y no fue así. Finalmente nos lo hizo de favor el cocinero, no sin antes dejar bien claro que ese era SU territorio.


DIA 3 (Domingo 10):
Ahora si! Ingreso al parque provincial Aconcagua y ascenso hasta Campamento Confluencia...

Armamos mochilas en el hotel, desayunamos y fuimos a buscar a Osvaldo para que nos arrime a Horcones para iniciar la marcha. En el refugio de Lanko nos enteramos que cada una de nuestras mochilas tenía entre 21 y 22 kg y más tarde en la quebrada que lleva a Confluencia ibamos a enterarnos que ese peso es mucho para "nuestros cuerpitos". Al llegar al puesto de Guardaparques nos despedimos de Osvaldo, hicimos el Check In en el Parque y....Ahora si!

Damas y caballeros, familiares y amigos.....Bienvenidos a esta fiesta de luces y sonidos!!!! (y sudor)

Comenzamos a caminar a las 11 am con la premisa de hacerlo muy pero muy tranquilos y la cumplimos al pie de la letra. De todas maneras, esa marcha, nos sirvió para estar en 2 horas y 40 minutos en el Campamento Confluencia.

Nos registramos con la guardaparques que salió a recibirnos y una vez cumplido el trámite; empezamos, como sapo de otro pozo, a buscar lugar para armar nuestra carpa y tratar que no nos rajen del sitio que eligiéramos. Esto tiene que ver con que cada empresa tiene muy bien delimitado su territorio con las instalaciones fijas y el lugar para que acampen sus clientes. Nosotros a esa altura no teníamos claro si los servicios que contratamos incluían algo en Confluencia (siempre hablamos de Plaza de Mulas con la empresa) y la realidad es que Lanko no tiene instalaciones en este primer campamento. Sin saber muy bien si alguna otra empresa le daba algún servicio a los clientes de Lanko comenzamos la búsqueda de un rincón donde ubicarnos. O el hecho de que recién comenzaba la temporada o nuestra buena estrella o la buena predisposicón de la mayoría de la gente que labura en el lugar iban a hacer que empecemos la expedición viviendo como reyes en Confluencia. Le preguntamos a Gonzalo (a cargo de las instalaciones de una de las empresas) si podíamos acampar al reparo de su carpa comedor. Nos recibió con la mejor onda y nos ofreció meternos con todo lo nuestro en una carpa comedor que aún no se estaba usando. Así es que estoy escribiendo estas líneas sobre una mesa luego de un siesta sobre colchones (también gentileza de Gonzalo) mientras Fer pela la verdura para la cena y hacemos chistes sobre nuestra condición de Okupas y consideramos seriamente quedarnos a vivir acá.
El almuerzo fueron sanguches de milanesa de pollo (dentra de una de ellas se le escapó al cocinero tibia y peroné del pobre animal). Nuestra siesta solo fue interrumpida por el Doc de Confluencia que vino a presentarse a nuestro "palacio" y nos pidió que no nos molestemos en ir hasta su consultorio. "Yo vengo más tarde con mi `equipete`y les hago los controles, asi no me toman frío" dijo.

Más allá de nuestro asombro por las comodidades de las que estamos gozando, los alrededores del Aconcagua ya nos muestran lo rápido que puede armarse una tormenta.
Aún habiendo llegado con un clima inmejorable a Confluencia, una vez instalados empezó a soplar viento, bajó la temperatura, se nubló todo por completo en dos segundos y comenzó una nevada que duró un buen rato y cambió por completo el paisaje del lugar. Al primer día de ascenso ya le queda poco. Descuento que la cena de Fernando (un guiso con fideos, mucha verdura y carne de la que cocinamos en Penitentes) será espectacular. Si mañana el clima mejora caminaremos hacia el balcón de la pared sur (4000 o 4100 msnm) para empezar a pedirle al cuerpo los cambios necesarios para seguir subiendo en buenas condiciones.


Dia 4 (Lunes 11):
Visita a la mítica e imponente Pared Sur del Aconcagua y vuelta a Confluencia...

La noche fue buena (Fernando estrenó su tarrito y como no cortaba, me hizo temer por una inundación en ´nuestro Domo´). Después del desayuno armamos las mochilas con lo mínimo y partimos 9:50 hacía la Pared Sur. Durante el trayecto tratamos de ir encontrando nuestro paso de manera tal de no gastar en ningún momento más de la cuenta. Nuestro plan es muy preciso en ese sentido, solo hay en la expedición 2 días críticos en lo que a duración de la jornada respecta; el día que se avanza desde Confluencia a Plaza de Mulas y el día de Cumbre. El resto de las jornadas, no vamos a avanzar rápido aún sintiéndonos muy bien y si tenemos que llegar dos horas más tarde de lo que se supone normal, lo vamos a hacer intentando guardar toda la energía posible para los últimos días.
A mitad de trayecto hacía el balcón de la pared sur, intentamos pasar por un lugar que ya me hizo sufrir y mucho cuando estuve en el Parque en semana santa de este año. El camino se corta atravesado por un acarreo con mucha pendiente y a cada paso se está a punto de rodar para abajo siguiendo la dirección de la piedras que ruedan cada vez que uno apoya la bota. Como hace unos meses el grupo completo (18 personas) a cargo de Hebert Chiodi pasó por el lugar decidí intentar ante la mirada atenta de Fer. "Si te sentís seguro metele, sino nos volvemos y listo" me dijo, antes de recorrer la mitad de este escollo, decidí que no era hora de rasparme hasta la bolita del ojo rodando entre estas piedras y me volví. Retrocedimos unos metros y tomando por el cauce seco de un hilo de agua esquivamos el acarreo y pudimos seguir sin problemas por un valle que seguía tan lindo e imponente como lo recordaba desde semana santa. Llegamos al Balcón de La Sur a las 12:50, sacamos las fotos y volvimos porque algunas nubes empezaban a amenzar con complicar el regreso. Mientras desandábamos el camino abordamos un tema de vital importancia para el resto de la expedición. Fer me preguntó usando ese tono serio y respetuoso que lo caracteriza: "Hernán, vos no te tiras pedos?" Me di vuelta para ver si se reía, pero su gesto permanecía inmutable, consultaba despojado de cualquier intención jocosa, como un médico nos hace con total normalidad preguntas que a nosotros nos hacen poner colorado. Le expliqué que si lo hacía, pero que por ahora estaba adoptando una posición conservadora porque había llegado descompuesto de Neuquén (miedo le llaman en mi barrio), en Mendoza no mejoró la cosa y perder un calzocillo a esta altura por un error de cálculo podía comprometer la expedición.
Tras escuchar mi respuesta me confesó que venía dejando caer unos cuantos desde temprano. Le respondí que ya lo había notado y que se quedara tranquilo que habría tiempo para mi venganza.
Al volver a pasar por el desvío para evitar el acarreo, decidimos comer unos sanguches de milanesas de pollo y algunas frutas aprovechando una piedra grande para repararnos del viento. La sensación que me invadía durante todo el camino era la de estar creciendo y progresando. Me estaba manejando solo con mi compañero por lugares que no suponen mayores complicaciones, pero que algunos meses atrás no me hubiera animado a recorrer sin un guía. Habíamos ido hasta la Pared Sur no porque es un lugar lindo al que hay que ir sino porque, luego de muchas consultas, consideramos que era adecuado y aportaba mucho para el fin principal: El intento a la cumbre en buenas condiciones. Aún teniendo eso en la cabeza, siento que mantenemos la calma y no perdemos de vista que para lo otro faltan dos vidas, y que tenemos que ir despacio.

Llegamos contentos de vuelta a Confluencia. Nuestro rendimiento fue muy bueno, no nos agitamos ni sentimos molestias y llegamos a los 4100 metros habiendo partido de los 3300. Al llegar al Campamento nos encontramos con Antonio y le dijimos que teníamos algo de su esposa (Carol). Mientras yo intentaba hacerme entender, llegó Fer desde nuestra carpa y la sorpresa de Antonio fue enorme al ver que traía en la mano el Nalgene de su esposa, el que habían olvidado en la oficina de turismo (cabe aclarar que era inconfundible porque estaba lleno de garabatos pintados a mano con varios colores y decía "Happy Birthday Carol!!!").
Llamó a su esposa, nos agradecieron y el gringo nos sacó una foto a los 3, o mejor dicho a los 4 porque la cantimplora "aparecida" hacía las veces de actor principal. Charlamos sobre sus planes y los nuestro respecto al ascenso una vez que saliéramos de Confluencia. Después de unos soberbios mates, intentamos colocar sin éxito, junto a Gonzalo, una mediasombra entre la carpa cocina y la carpa comedor del campamento. Cenamos temprano (y empezamos a notar como todo tarda muchísimo en cocinarse a medida que aumenta la altura) un guiso espectacular con papas, morrones, zanahoria, algún fideo que sobró del ayer y carne de pollo y vaca que aún nos queda. Mientras escribo, Fer está organizando lo que irá mañana en cada mochila. Serán muchas horas con mucho peso en la espalda, para llegar a los 4300 de Plaza de Mulas.
Vamos a intentar salir temprano porque tanto ayer como hoy el clima se puso muy feo un rato después del mediodía.

Dia 5 (Martes 12):
Adiós a Confluencia, a caminar 9 horas y subir 1000 metros de desnivel para llegar a Plaza de Mulas...

La noche fue buena excepto por un principio de incendio en la carpa (domo) de al lado (de una de las empresas más grandes del Parque). Por lo que entendimos, algún problema con la instalación eléctrica. El despelote fue grande porque parecía que lo habían apagado y arrancaba de nuevo hasta que consiguieron el matafuego adecuado y desenchufaron las baterías de la instalación eléctrica. Solucionado el tema del siniestro y con los vecinos más calmados, seguimos durmiendo a eso de las 12.
El despertador sonó 6 am y empezamos a armar las mochilas luego del desayuno. Hasta ahora tratramos siempre de dejar 1 litro de agua bien caliente en un termo y lo guardamos dentro de la bolsa de dormir. De esa forma evitamos prender el MSR a la mañana y el trámite del desayuno se nos hace mucho más sencillo.
Todo estuvo listo y arrancamos a las 7:30 am rumbo al Campo Base (Plaza de Mulas). Luego de ir río abajo unos metros para cruzar el puente, se vuelve por la otra margen río arriba en una subida bastante pronunciada.
Después de una hora de marcha y tras girar a la izquierda aparece al fondo un valle imponente que no puede ser otra cosa que "Playa Ancha". El sol empezaba a sentirse por lo que aprovechamos a parar, desabrigarnos y sacar algunas fotos. A poco de retomar la marcha nos topamos con el río y desde el otro lado un gringo nos dice que no queda otra que badearlo. A sacarse las botas y meter las patas en el agua helada.

El tránsito por la "playa Ancha" es muy tranquilo pero sencillamente interminable. Fer recuerda las palabras de Guille "la playa ancha te rompe la cabeza!". Un rato más tarde cruzamos a una pareja de gringos y la chica nos pregunta si hablamos inglés....nos explica que al final del valle el secreto está en mantenerse siempre a la derecha y que de esa forma evitaremos cruzar nuevamente el río. "seems to be imposible but it works" remató la colorada. Algo así como "parece que no se puede pero funciona".
De todas maneras quedaba bastante más de una hora para aplicar el consejo. En el lugar donde nos encontrábamos, observábamos al fondo y el cerro "Dedos" amenazaba con cerrarnos el paso al final de "Playa Ancha". Mientras tanto a la derecha asomaba imponente la pirámide contrafuerte de la cumbre y algo más arriba (lo que no llegamos a definir si se trataba o no de la cumbre sur del Aconcagua). Más adelante nos encontramos con el yanky que nos había avisado antes del cruce del río y charlamos un rato, sacamos unas fotos y se unió a nuestra marcha. Mientras avanzábamos se mostró sorprendido de lo poco abrigados que estábamos, el sentía mucho frío aún muy abrigado (se justificó con el hecho de que es de Florida).

Casi una hora más tarde el consejo de "la colorada" funcionó perfecto. Pasando por la derecha por una sendita mínima evitamos sacarnos nuevamente las botas para meter los pies en el agua.

Llegar a Piedra Ibañez y que un cartel indicara "4 horas a Plaza de Mulas" no fue la mejor noticia. Empezamos a entender porque ésta es una de las jornadas claves de la expedición (al desnivel que se debe afrontar, se suma las muchas horas de marcha). La mochila estaba demasiado pesada para tantas horas, pero a paso lento y firme seguimos avanzando hasta encontrar a alguien que venía solo desde mulas.
"Alguno de ustedes es Rodriguez de Hoz?"...."Si, yo!" dijo Fer. "Yo soy José de Lanko, los esperábamos ayer en Mulas". A esta altura lo sabíamos porque un guardaparque nos había buscado la noche anterior en Confluencia para avisar a Mulas que se queden tranquilos, que estábamos abajo. Lo consultamos a José sobre si eran reales las 4 hs del cartel en Piedra Ibañez y nos dijo que faltaba bastante, que fuéramos tranquilos y nos indicó donde estaba "Mulas" y donde la "Cuesta Brava" usando al cerro "Cuerno" como referencia.
Seguimos la marcha por una especie de travesía para luego meternos en un pedrero bastante molesto (luego de cruzar un par de "lenguas" de penitentes). Un rato antes habíamos visto por primera vez parte del campamento "Plaza de Mulas". Cuando faltaba poco para sacarnos de encima el pedrero por el que transitábamos, paramos un rato. Estábamos los dos bastante fastidiosos e incómodos, serían algo así como las 15hs. Una vez que cada cual buscó el lugarcito que más cómodo le resultó para "descargar", nos volvimos a juntar (ambos de mucho mejor humor), tomamos una cafiaspirina, comimos unas frutas y seguimos con aires renovados.
Unos minutos más tarde dejamos a la izquierda un refugio destruido (creo que se lo conoce como "plaza de Mulas inferior") para llegar al Inicio de "La cuesta Brava". A pesar de que el clima empeoraba, decidimos hacer muy muy lento el ascenso. Nos sobraban horas de luz.
Nada de lo que se pueda escribir, explicaría lo jodida que es la bendita cuesta brava. Uno sabe que al final está nuestro destino, pero cuando parece que se está llegando a lo último...una bajada y otra vez a recuperar los metros que se descendieron (´ta que lo parió!).
Al llegar arriba nuevamente, todavía no se vuelve a ver "Mulas". Doblar a la derecha, luego a la izquierda para que la ansiedad y el cansancio hagan todo interminable. Como ya era costumbre, el ritmo lo marcaba yo marchando adelante. Fernando en este punto me "llamó al orden" y pidió que no me vuelva loco. Comenzó a nevizcar pero en poquito tiempo aparece la bandera Argentina flameando sobre la casilla de Guardaparque. 17:05 fue la hora de llegada. 9 horas, 35 mintos de andar para recibir el priemer "correctivo" que nos metió la montaña atrás de la oreja. No fue sencillo legar a "mulas" aunque nos sentíamos felices porque estabamos enteros.

Hicimos el "check in" con guardaparques y nos dirijimos casi al final del campamento donde se encontraban Carlos y Vanesa a cargo de las carpas de la empresa Lanko. Les pedimos dormir en una carpa comedor ya que estaba todo vacío y nos ubicamos junto con los dos bolsos que habían traído las mulas (unos días antes desde Penitentes) en la carpa más chica de la Empresa, que de todas maneras nos resulta muy cómoda y nos evitaba manejarnos dentro del iglú para dos personas.

Luego de indicarnos cual será nuestro baño, nos invitaron a tomar la merienda en la "carpa cocina".
Al volver a nuestra carpa y abrir los bolsos, descubrios que a pesar de nuestros cuidados y de haber utilizado cajas de carton, la comida sufrió bastante al atarla sobre las mulas. Había galletitas por todos lados y la polenta que era nuestra cena planeada estaba toda desparramada al fondo del Bolso Azul. Fer no para de putear y yo intento minimizar el incidente pero sin cambiar de posicion (arrodillado frente al bolso), gira la cabeza...me mira....hace una pausa..."Dejame renegar un rato que ya se me pasa!".
De esta forma se van construyendo los códigos para la convivencia que todavía tiene muchos días por delante. Antes fue ir acomodando la marcha a un paso que no nos queme a ninguno de los dos y así seguiremos ajustando detalles. Ojalá que con los mismos resultados que hasta el momento.
Con paciencia fuimos rescatando poletna del bolso junto con migas de galletitas y esto junto a la carne cocida en Penitentes y el queso que no usamos durante la marcha, formaron una cena increible en la cual tampoco faltó algo de yerba "rosamonte". Mientras se hacía la comida los últimos rayos de sol alumbraron la cara Noroeste del Aconcagua y todo compuso un paisaje que nada tiene que envidiarle a la famosa "Pared Sur" en belleza y misterio. Ayer vimos "La Sur" desde Plaza Francia y hoy la montaña nos regala esta otra imagen hermosa.
Luego de la cena nos metimos pronto en las bolsas para no perder las calorías que acababamos de incorporar.
Los dos coincidimos en la sensación, nos resulta increíble estar a 4300 msnm con excelente apetito, sin dolor de cabeza y sin ningún otro tipo de molestia. La única señal en la que empezamos a prestar atención, es que Fer no para de mear y yo a duras penas un chorrito a las perdidas.


DIA 6 (Miércoles 13):
Comienza con paciencia y tranquilad "la tarea" de aclimatar en el Campo Base, día difícil para el pampeano...

La noche no fue buena para ninguno de los dos a pesar de que le pegamos dentro de la bolsa hasta las 10 am. Durante todas esa horas se volvió casi una rutina acomodar entre mis piernas y a mi costado todo lo que dormía conmigo en la bolsa (pilas, cámaras fotográficas, termos, botellas de agua, batería del handy) para poder lograr una horita de sueño y luego volver a empezar con "la cuestión de la acomodada" para intentar un sueñito más.
Cuando salimos de las Bolsas de Dormir, mis "hábitos de meada" seguían igual. Fer llenó su tachito durante la noche y yo ni una gota. Por la mañana los dos estabamos con dolor de cabeza, pero muy leve, demasiado leve para impedirnos tener un desayuno "a lo bestia".
Con la panza llena fuimos al chequeo médico y nos dijeron que estábamos muy bien, pero que nos quedemos tranqui durante el resto del día. A pesar de que los valores dieron bien, Fer estaba un poco mejor que yo (86% de saturación de oxígeno y 80 pulsaciones). Mis números fueron 82% con el oxígeno y 100 pulsaciones.
Al consultar "sobre el tema de pis", el médico me dijo que debía orinar cada 15 minutos; cosa que no venía pasando. Pero "el amigo", los riñones y demás partes intervinientes en el asunto parecían estar esperando la orden del médico. Al ratito de volver del control, empecé a orinar como media hora como si fuera la última vez en la vida. Esa tarde la pasamos dentro de la carpa como robots, tomando agua y llenando nuestros nuestros respectivos tachitos. Cada dos "cloritos" había que ir al baño a descargar el tacho y aprovechábamos el viaje para un "clorito" más. A pesar de lo graciosa de la situación y de que la festejabamos cada vez, algo no andaba bien conmigo. Mis movimientos eran lentos y creo que se debían más a mi ánimo que al proceso de aclimatación.
Fer, con el humor intacto, sugirió un porteo a Plaza Canada al día siguiente. Yo decidí no opinar al respecto: En esos instantes me sentía en el peor momento, al borde del pánico y haciéndome la típica pregunta "quien carajo me manda a estar acá?!".
Mientras miraba la cara que el cerro muestra cuando uno está en "Mulas", me abrumaba la sensación de que comenzar a ascender. Eso, en mi cabeza en problemas, no era ni más ni menos que alejarme de la puerta de salida (Horcones) para una eventual "huída". Decidí llamarme al silencio (para evitar cualquier tipo de contagio a Fernando) y empezar a leer para revertir la situación apuntando la cabeza a otro lugar (Muchos días después, el 1 de Enero en Neuquén y después de varios días sin vernos, mientras trotábamos, le confesé como me había sentido este día, a lo que Fernando me respondió que lo había notado y prefirió dejar pasar el momento y que yo lo superara sin presiones ni preguntas).

Como cada cosa que cocinamos tarda muchísimo, decidimos preparar hoy para varias comidas. Así es que Fernando hizo arroz para dos comidas (el almuerzo de hoy junto con atún y mayonesa) y el resto fue a parar a una bolsa ziploc para una comida de altura. Hirbió casi toda la papa y la zanahoria y saltó con morrones la cebolla. Todo fue a parar a bolsitas para que solo haga falta calentarlo a la hora de cada nueva comida.
Esa noche volvió a mi cabeza el chiste de Guille en la última cena que compartimos en su casa (mientras conversábamos sobre que comprar y que no para la expedición, lo veía a Fernando comiendo y dijo: "Eeeeh, multiplicá por 1,6 las cantidades de la lista de alimentos"). La cena de hoy fueron unos fideos en guiso y Fer como todas las veces hasta acá comió bastante más que yo. Nos fuimos a dormir para levantarnos 8am el día siguiente.


DIA 7 (Jueves 14):
El ánimo mejora y porteamos comida hasta los 5380 metros, luego volvemos a Mulas...

A las 8am como había propuesto Fernando salí de la bolsa con un ánimo excelente y con la certeza del porteo a Plaza Canadá. Me vestí casi completo dentro de la bolsa de dormir y ni bien salí me "enchufé" mis flamantes botas plásticas ante la risa y la sorpresa de Fer que espiaba desde su bolsa (supongo que lo tranquilizaba ver que que mis movimientos y mis gestos ya nada tenían que ver con la pachorra y la apatía del día anterior).
De todas maneras, con poco ánimo o con el mejor, la iniciativa en los "quehaceres domésticos" siempre la toma mi compañero, por mi parte, trato de dar una mano para mostrar mi buena voluntad, pero no es lo que me nace con naturalidad y por lo tanto no es raro ver rota una regla básica de la convivencia como "uno cocina y el otro lava los platos" pero trabajo duro para que esto vaya ocurriendo cada vez menos.

Desayunamos y partímos para la casilla del Doc. Los valores de saturación de oxígeno han bajado algo (84 Fer y 80 yo) pero el médico nos explica que no es para prestar mayor atención, y que casi hemos logrado la aclimatación. La única novedad es que al oscultarme, me encuentran una pequeña bronquitis y me recomiendan no tomar frío.
Cuando consultamos sobre que hacer para seguir aclimatando. El doc nos da varias opciones y repite que la aclimatación en serrucho es lo mejor. Su opinión es que, no hoy, pero cuando nos vayamos sintiendo seguros vayamos alto y volvamos a dormir a Mulas. Charlamos sobre nuestra idea del porteo a Canadá y nos comenta que no le parece un desnivel que valga la pena. nos recomienda hacer el cerro Bonete (un cincomil), pero consideramos que a alturas similares será mejor subir algo de comida a Canadá.

Comenzamos con los preparativos para el porteo. Carlos nos dice (al volver al campamento) que aún no ha podido hablar con José (de la empresa Lanko) pero en teoría la carpa comedor donde estamos instalados es para alquilar, por lo que decidimos (al regresar de Canadá) armar por primera vez la Doite Himalaya de Guillermo (el plan era usarla desde Confluencia pero la suerte y el principio de temporarada hicieron que zafemos las 4 primeras noches).
Antes de partir nos encontramos con Javier (un chico de Gral. Roca) que llegó la tarde anterior a Mulas y se arrimó a saludarlos al enterarse que éramos de Neuquén (días más tarde por diferentes motivos iba a terminar sumándose al equipo). Luego de charlar un rato y de contarnos todo que ha hecho en la montaña, terminan dandosé cuenta con Fernando que hace 2 años se cruzaron en el Domuyo. Fue en un intento en que Fer no pudo hacer cumbre y Javier bajaba con dos amigos luego de haber dormido esa noche en la cumbre. Se salvaron por muy poquito según opinó Fernando.

Un rato después de las 11 empezamos a subir hacia Plaza Canadá con la comida a portear en nuestras mochilas. Como la marcha es tranquila subimos contentos los dos e intentando charlar un poco con toda la gente que viene bajando. Entre otros, cruzamos a un flaco que nos dice que no pudo hacer cumbre porque lo jodió la altura y porque el frío arriba es tremendo. Cuando lo consultamos sobre la necesidad de piqueta y grampones, nos dice que como mínimo grampones porque hay mucha nieve luego de "Canadá". Más tarde nos encontramos con una mujer de Pamplona que intenta por tercera vez el Aconcagua y viene bajando de cambio de pendiente en busca de la adaptación a la altura en forma pausada. Su marido está un poco más arriba. Son un matrimonio que nos pasó hace 2 días al final de plaza ancha.

Hablamos unos momentos con otro "gallego" que reconocí de Confluencia. Le consulté como estaba porque recordaba haberlo visto bastante mal allá abajo. Me confirmó que si, que estuvo terrible pero ya se siente mejor.
Luego de 2:50 hs de marcha llegamos "Canadian Place" (5050 msnm) y luego de varias fotos decidimos seguir ascendiendo hacia "cambio de pendiente" porque estábamos muy bien.

El camino sigue por una travesía hasta lo que se conoce como "Piedras de 5000" y un poco más arriba "cambio de pendiente". Fueron aproximadamente 2 horas más de marcha hasta encontrarnos con un flaco (con aspecto de guía) que nos indicó que hay una forma mejor de llegar a "Nido de Cóndores" que por la dirección en que avanzábamos. Ésta consiste en esquivar por la derecha "Cambio" y nos indicó que debíamos remontar altura por la travesía por la que, en ese momento, avanzaban algunos montañeros hasta llegar a la altitud de "Nido". "No vayan por acá que es como la hacen los gringos y les revienta la cabeza" dijo.
Descendimos un poco rumbo a esa travesía y escondimos el porteo bajo una pirca. El punto más alto al que llegamos fueron 5384 metros sobre el nivel del mar según dijo el GPS, la alegría de ambos era grande porque nos sentíamos excelente. Mientras Fer tapaba con piedras la comida y el combustible que dejaríamos para dentro de unos días, yo armé un pequeña comida de marcha con salame, pan y queso. Empezamos a bajar pronto porque el viento comenzaba a soplar y el cielo estaba lleno de nubes.

Aún en el punto más alto, nos sentímos muy bien y los únicos problemas tuvieron que ver con mi marcha por una parte de la senda cubierta de hielo. Volví a patinar (como un tiempo atrás en el Lanín) con mis botas dobles, principalmente por no pisar de forma correcta (y por ir "cagado"). Cuando el terreno estuvo un poco más cómodo, practique un poco copiando el paso de Fernando pero sin mayores mejorías (que lo parió!).

El descenso fue rápido. Por momentos frenábamos unos segundos para no acelar demasiado y evitar lastimarnos. Al llegar Carlos y Vanesa nos ofrecieron una merienda caliente que compartimos con ellos y Javier. Un rato más tarde, armamos por primera vez nuestra carpa. Cenamos en la carpa comedor un guiso de lentejas "morrocotudo" acompañado de un jarrito de vino tinto. El ritual del dentífrico y el cepillo, vaciar el tachito del pis y a la "Himalaya"(la carpita)! El tamaño es justo para dos personas (y sin mochilas), pero eso no nos impidió leer un rato. Fernando "Los 3 mosqueteros" y yo "La Carta Esférica". Pasamos una noche de viento terrible que nos hizo pensar que podíamos volar con carpa y todo hasta la casilla de Guardaparques (por lo menos).

La noche más "movidita" desde que arrancamos en lo que a viento se refiere. Sin embargo el frío nos pareció ser menos que las noches anteriores, aunque no sabemos si atribuirlo a la temperatura real o a nuestra "nueva morada".

Para completar esa sensación de estar "expuestos a lo que venga", cerca de nuestra carpa funciona un Eco-Toilet con un generador eólico, la velocidad a la que giraba la hélice emitía un sonido que nos hacía sentir que se iba a soltar y hacer de nosotros "fetas de prometedores andinistas".


DIA 8 (Viernes 15):
Viendo el clima vamos decidiendo el plan...

Más allá del viento no puedo decir que haya sido una mala noche. Una vez más Fer amaneció con su "tachito del pis" completo y yo con el mío vacío. Durante la fiaca de Fernando yo leí un rato mi libro. Mientras desayunábamos apareció Javier contrariado porque pensaba ir a "Canada" y la médica le dijo que no porque su presión estaba muy alta. Un rato más tarde decidimos cruzar al hotel para dar noticias a nuestra gente. Luego de algunas subidas y bajadas y de cruzar dos "lenguas" de "penitentes" (sumamente incómodas a pesar de que el sendero está bien marcado) llegamos al hotel y llamamos a Guille para que revisara en Internet el pronóstico para los próximos días. Para darle tiempo a que busque llamé a mis viejos y luego a Santiago (un amigo de Santa Rosa) porque para no perder la costumbre el "tirano represor" de mi jefe no contestó mi llamado. El fin de este último llamado era para que enviara por mail las novedades a la lista de correo de mis familiares y amigos. Le comenté rápido el detalle de lo realizado hasta el momento y los planes a corto plazo para que informe a todos (finalmente uno días más tarde habiendo regresado iba a darme cuenta que no se le puede encargar este trámite a gente tan poco profesional como esos dos-Santiago y mi jefe-. "Ayer hicieron un puerteo de comida...", en lugar de porteo, escribieron entre los dos "criminales" en el mail informativo).

Entre llamado y llamado nos cruzamos con 2 Neuquinos más. Uno de ellos nos dejó pagando ante la pregunta "subieron el Lanín?" Que "si" respondimos "cuantas veces?" preguntó "una y media" dijo Fer...."aaaah! yo 10!" TOING!!! OUCHH!!!

Volvimos a llamar a Guille y nos comentó que veía tiempo feo hasta el Domingo lo cual coincidía bastante con lo que se hablaba en el Campo Base, mucha gente está bajando y se queja del frío y de vientos muy fuertes.

A la vuelta del Hotel (donde volvímos a encontrar a Antonio y Carol alojados ahí) comimos, siendo algo más de las 3 de la tarde, unos fideos con el "preparado" de zanahoria, cebolla, papa y morrón que Fer cocinó ayer y que espera en la bolsa "ziploc" a cada nueva comida. En este punto ya empezamos a sacar cuentas sobre la comida y a ver con que nos quedaríamos cortos y que nos sobrará. En medio del "control de stock" decidimos abrir una lata de duraznos para el postre.

Con la panza bien llena partimos hacia la consulta médica (la primera que realizamos por la tarde). Los valores de ambos nos dieron muy bien según la nueva médica (de modos algo más ásperos que la anterior), consulté por mi bronquitis leve (lo que me habían dicho ayer) y ya no se siente nada en mis pulmones. Conversamos un rato más sobre el pronóstico del tiempo y nos recomiendan que esperemos si contamos con tiempo. La médida nos vuelve a comentar (ya con modos menos "ásperos" que los del principio) que de no ser por la aparición de alguna enfermedad, la estadía en Plaza de Mulas segurirá ayudando a nuestra aclimatación. Durante el regreso a la carpa, con excelente ánimo, confirmamos la decisión; nos quedamos un día más (mañana Sábado) en Mulas, afirmando el estado físico y esperando mejor clima. Si señor! un día más "haciendo huevo" en el Campo Base!

Una vez en la carpa, llenamos todas las botellas de agua y empezamos a pensar como suplir el jugo Tang que se está acabando (seguramente llevamos demasiados sobres en el Porteo a "cambio de pendiente"). Escribo esto mientras pasamos el rato en la carpa comedor de Lanko (nuestro ex dormitorio). Fer está leyendo su librito de Alejandro Dumas y yo contento porque me pongo al día con mis anotaciones en el "cuardernito de bitácora" después de varios días. Quizá siga a Fernado con mi libro de Perez-Reverte. Durante la tarde hubo una especie de revuelo y al salir de la carpa vimos que se trataba de un flaco (gringo) que bajaban bastante jodido desde Plaza Canadá. La patrulla lo golpeó bastante para cruzarlo en una bolsa de dormir por la "lengua" de penitentes que separa el inicio de la senda hacia arriba de Plaza de Mulas (más tarde nos enteraríamos que estuvo 2 días dentro de su carpa con un principio de edema pulmonar y zafó avisando por teléfono satelital a un amigo en la ciudad de Mendoza quien se comunicó con Guardaparques para que lo fueran a buscar).

Más tarde se acercó Carlos a comentarnos que se pudo comunicar con José por radio y le había pasado el precio por el uso de la carpa comedor ($50). Según nos dice, el precio real es de U$S 100 por lo que creía que era un buen trato. Decidimos aceptar porque el clima no era el mejor y nuestra carpa, dado el tamaño, solo nos servía para dormir (mucho más cálida que el Domo por cierto).

Por la noche Fernando, poniendo en práctica los consejos de la hermana Bernarda (y porque no? los de Lita de Lazari también) recicló sobras de fideos del almuerzo para hacer una sopa increíble. Un rato más tarde nos fuimos a la bolsa (dentro de la Carpita Himalaya) a soportar otra noche de viento terrible. Nosotros no la pasamos tan mal porque la hélice del generador del "eco-toilet" esta noche estuvo trabada y no tuvimos que sentir este zumbido que metía miedo la noche anterior.
Por otro lado, a esta altura la carpa de Guille había resultado la "revelación de la movida". De todas maneras, era terrible el viento durante la noche, asustaba sentir el estruendo (como si las ráfagas chocaran contra algo, allá arriba, en Plaza Canada o más alto), luego el sonido parecía el de una avalancha y bastaba esperar unos segundos para comenzar a resistir estoicamente las ráfagas que sacudiendo la carpa, así durante horas.


DIA 9 (Sábado 16):
Más de hacer huevo en el CB y a llamar a Mami que cumple años...

Al levantarnos, desayunamos y nos dedicamos a observar los estragos que el viento hizo en Plaza de Mulas durante la noche. Tumbó más de un baño, se llevó una "carpa depósito" de una empresa cercana a nuestro campamento, arrastró un "domo" circular que estaban armando el día anterior y rompió otras tantas carpas pequeñas.
Este día está destinado al descanso desde que charlamos ayer con los médicos. Así que en las actividades de hoy sólo están la visita al médico nuevamente, "hacer huevo", y un viajecito hasta el hotel para llamar a mi mamá y decirle "Feliz Cumple!!!". En cuanto a la hidratación, habrá que conseguir sobres de jugo o algo que lo reemplace ya que las reservas tocaron fondo.

Comimos arroz con atún y mayonesa (con el arroz hervido hace unos días y guardado en una "ziploc", o sea que salió rapidito). Ni bien terminamos, cruzamos al hotel y además de hablar con "la Mabelita" por su cumple, le pasé el parte a mi cuñado (quien atendió el teléfono). También hicimos papelones con Fernando tratando de conseguir Jugo Tang. Al entrar le pedí a la encargada en el Hotel y me dijo "no los vendemos, si queres te puedo convidar". Un rato más tarde Fer se la jugó con uno de los empleados que dijo "Les averiguo!" y se fue directo a preguntarle a la misma encarcada que me había "echado flit" momentos antes.
Seguramente se respondió a sí misma en segundos la pregunta "estos serán muy vivos o muy boludos?". En fin! terminamos comprando dos cajas de Baggio a $15 cada una. Volviendo, mientras cruzábamos uno de los "campos" de penitentes, nos encontramos con un grupo que bajaba bastante maltrecho de un intento a cumbre, después de soportar frío y viento por 3 días en "Plaza Cólera". Charlamos un rato con uno de ellos con Fabián Mautino como excusa. El que bajaba tenía una campera y una mochila marca "Chalten", fábrica que está en Martinez y cuyo dueño es Fabián (a él le compré mi mochila y bolsa de dormir). Lo conocía. Apoyados en los incómodos penitentes nos contó un poco más sobre los 3 días que pasaron arriba, se quejó un poco del guía y nos dijo que unas horas antes habían votado por quedarse un día más para ver si el clima mejoraba o bajar a Mulas y la mayoría quiso la segunda.

Al llegar nuevamente al campamento, apareció el chico de Zapala y nos sugirió que nos volviéramos a Mendoza. Al menos ellos, se volvían porque habían hablado con un guía de la empresa Inka y les dijo que culpa del clima no había posibilidad de hacer cumbre durante todo Diciembre. "Nosotros volveremos en Enereo, si el guía lo dice por algo será" dijo.

Charlamos un rato con Fernando al respecto (después se sumó Javier a la charla). Los 3 estuvimos de acuerdo en que valía la pena hacer el intento y en caso que, la cumbre no fuera posible, queríamos avanzar todos los campamento que pudiéramos para arriba y llevarnos toda la experiencia posible sobre la senda y este cerro en general. Tras nuestra visita al médico los valores fueron los más alentadores de los últimos días. Un rato más tarde decidimos que mañana intentaríamos ir hasta Nido y sólo si estaba muy feo armábamos todo en "Canadá". Desarmamos la Himalaya (para no exponerla innecesariamente al viento) ya que arreglamos con Carlos el alquiler de la carpa comedor. De esa forma seguimos estando cómodos durante el día y pasando algo de frío durante la última noche a 4300 metros.


DIA 10 (Domingo 17):
Muy bien aclimatados y con buen clima, vamos a Nido de Cóndores...

Mientras intentábamos salir de la bolsa para desayunar, Fer concluyó: "que lo parió! dormir acá adentro y vivaquear son la misma cosa!". Habían quedado claras las excelentes condiciones térmicas de la Doite Himalaya.
Javier nos avisó que ya estaba despierto (habíamos acordado subir con él cuando remató con una frase de aquellas: "La paciencia es una planta amarga, que da frutos dulces" o algo así).

Revisamos varias veces la mochila porque desde este punto no hay lugar a arrepentimientos (Ni con la comida, ni con el equipo, ni con la ropa). Una vez que estuvo todo listo, nos despedimos con un caluroso abrazo de Carlos y a trepar!
Nos lleva un rato encontrar el ritmo. Ritmo que habíamos logrado con Fer los dias anteriores ahora que somos 3, pero de poco lo vamos logrando, hasta Plaza Canadá compartimos las marcha con 3 tanos que subían a aclimatar, una vez ahí aprovechamos para descansar y charlar con un porteador ("porter" según se llaman ellos) que estaba llevando carga a Nido de Cóndores para un grupo de gringos. Hablamos un rato de su laburo, otro sobre el Cerro Cuerno (que está cerca de Mulas) y lo considera un ascenso excelente al que se le presta poca atención por estar al lado del Aconcagua. Hablamos también del clima y que no tenía buenos pronósticos para estos días ("Va a haber Rock & Roll" dijo) y nos dió consejos de esos que intentábamos rescatar de cada montañero que nos cruzábamos. Para uno en particular, se encargó de crear el ambiente adecuado. Nos preguntó si era la primera vez que probábamos suerte en el Aconcagua y nos dijo: "Tengan presente esto: Si llegan al punto de intentar la cumbre y estan cerca de 'la travesía', abandonen antes o haganló después, pero no se vuelvan durante 'la travesía' aunque se les haga muy duro".

Desde Canadá seguimos hasta el punto donde habíamos dejado la comida hace unos días (marcado en el GPS). Todo fue bien hasta cargar las mochilas con el porteo, tan bien que en mi cabeza rondaba la idea de hacer el intento a cumbre al día siguiente desde Nido, pasando por alto Berlín (una de las posibilidades que manejamos cuando empezamos a planificar la movida).

Con las mochilas llenas, una vez que cargamos el porteo, seguimos por la travesía que se encuentra a la derecha de Cambio de Pendiente. Como nos había indicado un flaco con pinta de guía días antes. A la mitad de ésta empecé a sentir lo inhumano del peso en los hombros y espalda. En mi caso me afectó más de la cuenta, en un punto tuve que parar por varios minutos y sacarme la mochila mientras masticaba bronca. Podría haber sido un poco más complicado de no haber estado cerca de nuestro destino. No con poco sufrimiento llegamos a Nido. Después de un rato de buscar, ubicamos el sitio donde armar la carpa y tuvimos un almuerzo/cena con salame, queso, criollitas y sopas instantáneas (Fer le mandó un mantecol de postre). Mientras comíamos y aún cuando ya habíamos terminado, el trámite del agua nos ocupó; y se hizo más pesado de la cuenta.

En algún momento mientras "hacíamos" agua Fer tiró la idea de intentar la cumbre desde Nido directamente, al igual que yo lo había pensado en algún momento después de superar "plaza Canada". Para eso había que dormir algunas horas y comenzar los preparativos a la media noche. No me sentía en condiciones y se lo hice saber. Descartamos esa posibilidad en apenas segundos. Una vez que terminamos con el trámite del agua (para lo que quedaba del día y ascenso a Berlín del día siguiente) que nos llevó como 2 horas, nos metimos en las bolsas (Fer a leer y yo a actualizar las anotaciones en mi libretita). Unos metros más allá Javier estaría en trámites parecidos dentro de su carpa. El sueño no tardó en llegar (con los contratiempos lógicos de la altura). Para ambos era la noche más alta de nuestras vidas (chistosos abstenerse!) a unos 5500 msnm. En mi caso los 4300 metros de "Mulas" era el récord que batía en este momento.


DIA 11 (Lunes 18):
La noche a 5500 no se sufrió, vamos a Berlin...

Como a las 8 am las primeras palabras del día las dijo Fer: "y si largamos con el desayuno?". No le di ni pelota y seguí haciendo fiaca. Un rato más tarde finalmente desayunamos y comenzamos a desarmar campamento y preparar todo para subir a Berlín. En medio de los preparativos inauguré mi bolsita MFA (Materia Fecal de Altura) y al volver del "trámite" me tocó hacer la buena obra del día. Mientras Javier desarmaba la carpa el viento le llevó su bolsa de dormir, echando mano a mis reflejos y con mi "pique corto" intacto a pesar de los 5.500 msnm fui tras la bolsa y le frustré su vuelo loco con destino a San Juan justo cuando estaba a punto de "caerse de Nido".

Con buena obra del día y todo no evité el "retito correctivo" de Fernando por mis ya conocidas vueltas a la hora de desarmar y dejar todo listo para arrancar (Si Guille hubiera estado ahí sus palabras hubieran sido: "prefiero que me cagues a puteadas y no que me mires así!"). Resulta que Fer tenía su mochilas lista y me esperaba para desarmar la carpa, yo mientras tanto analizaba que dejar en "Nido" y que meter en mi mochila para subir a Berlín.

Por la gran pendiente y porque las mochilas seguían pesadas a pesar de todo lo que dejamos, el ascenso a Berlín fue bastante duro. Después de algunas paradas llegamos y nos encontramos con dos de las "cuchitas" que aún se encuentran en pie, pero llenas de nieve. Nos costó un rato ubicar el refugio principal y al llegar encontramos dentro a una pareja de Estonia y un tercero metido en su bolsa. A duras penas y en "pseudoinglés" le entendimos a la montañista que había un cuarto compañero en las carpas al lado del refugio y que en total eran 6 los del grupo estonio. Los 4 en Berlín habían intentado la cumbre más temprano y se volvieron a los 6300 metros por el terrible viento, los dos restantes siguieron subiendo. Estaban esperándolos para bajar a "Nido".
Eso nos dejaba lugar libre en el Refugio y nos hacía zafar del armado de la carpa. Nos dispusimos a buscar nieve limpia (en Berlín es como buscar oro) y arrancamos con la tarea de "hacer" agua.

Un rato más tarde llegaron Pep, Mayte, Jordi (tres catalanes) y Vero (la novia sanjuanina de Pep) y de esa forma completamos el refugio junto a las mochilas de los estonios que habían salido un rato (y al que estaba dentro de la bolsa que seguía inmutable ante el despelote). La tarde transcurrió con la tarea del agua sin parar para hidratarnos y para tener jugo, té y sopa para mañana, el día decisivo en que intentaríamos la cumbre. Un rato antes de 6pm se abrió con violencia la puerta "guillotina" del refugio y apareció un grandote que no habíamos visto hasta ahora. Otra vez nos comunicamos como pudimos en inglés para enterarnos que él y el otro de Estonia habían sido los únicos en visitar la cumbre es día. Levantaron sus mochilas y demás cosas (incluido al que tenían guardado desde hacía horas en la bolsa y nunca salió mientras estuvimos ahí) y bajaron, no sabemos hasta que campamento.

Algo más tarde apareció "Comando", piloto y guía de la empresa Aymará que estaba guiando a un grupo de compañeros de Fuerza Aérea. Se puso a hacer agua para su grupo (que mientras tanto se ubicaba en sus carpas). Lo aprovechamos para pedirle algunos consejos para lo que debíamos hacer y lo que no el día siguiente.

Vero y Pep no querían creer lo que veían. Para pasar el rato, distraernos y bajar la ansiedad sacamos Fernando y yo nuestros libros cada uno de su bolsa ziploc y nos pusimos a leer "Los tres mosqueteros" y "La carta esférica". Como van a traer eso hasta acá arriba?, No tenían algo más liviano?", "Al menos podría ir arrancando las páginas que leen para quitarse peso!" fueron algunos de sus comentarios mientras nos reíamos de la situación.

Por este día no mucho más, excepto las peleas entre Mayte y Pep que jamás entendimos de que se trataban porque se llevaban adelante en catalán lo cual, a pesar de ser peleas, le daba un marco pintoresco a la cosa. Vero (la sanjuanina) se esforzaba por hacernos creer que no eran peleas sino que sólo conversaban y que parecía otra cosa por el idioma, los cual por supuesto era mentira.


Dia 12 (Martes 19):
Hoy puede ser un gran día, El Día...

(**) Gracias Fer! o completabas el hueco o esto nunca se hubiera publicado

A las 4 am empezaron a sonar todos los despertadores y poco a poco fue comenzando el ritual de prepararse para salir del refugio y afrontar EL DÍA. La jornada que podía darnos la posibilidad de coronar el sueño con esa sensación que sólo se siente cuando uno pisa una cumbre y que seguramente jamás podrá ser descripta con palabras por alguien. Esa sensación de cumbre no se compara con ninguna otra de placer, y pienso que hay un común denominador cualquiera sea la cumbre. Aunque sin dudas cuanto más dificil es el camino hasta lo más alto, ese sensación debe profundizarse. Que más podíamos pedir en este día que arrancaba? En nuestro caso estábamos por afrontarlo después de 11 jornadas anteriores de avanzar para encontranos en este punto; con momentos y situaciones de todo tipo (sin contar los días previos, los preparativos, las decisiones, los deseos de éxito recibidos), si algo faltaba; el lugar a donde ibamos es el más cercano al cielo en toda América.

Volviendo al ritual... Vestirse, desayunar, ordenar lo que se queda en el refugio, armar la mochila, controlar que no falte nada que pueda complicar las cosas más tarde (e inclusive forzar la vuelta anticipada): Agua, termos, lentes, mitones, gorro, grampones, cámara de fotos.....

Finalmente a eso de las 6:20, cuando el termómetro del refugio decía -19º centígrados y los primeros rayos del sol alumbraban, salimos de Berlín y comenzamos a avanzar hacia la cumbre (comenzamos "el ataque a cumbre" como les gusta decir a algunos). El viento y el frío pegaban sin piedad a pesar de que el sol iba subiendo. Desde el primer momento en mi caso se sintió que la marcha transcurría por los 6000 msnm. Eso hizo que empezara a hacer ese paso cortito pero rendidor "tipo pan queso" para poder manejar mejor el aire (quizá demasiado temprano para una jornada tan larga). Fer y Javi con algo más de oxígeno avanzaban a mejor ritmo lo que ponía distancia entre nosotros y hacía que en cada descanso ellos los estiraran un poco más para esperarme y preguntarme como estaba. Esto se repitió varias veces hasta que algo después de las 9 am charlamos con Fer en el zigzag previo al antiguo refugio independencia y además de decirle que a ese ritmo iba bien, le consulté por la hora. Estabamos algo atrasados para la hora que era. Algo me decía que por un lado no iba a tener suficientes horas en esa jornada para hacer cumbre a mi ritmo, y aún cuando las tuviera, no iba a tener resto físico suficiente. Le dije a Fer que seguía. En ese momento veo a Jordi y Mayte que decidían volver a Berlin (Jordi porque no se había estado sintiendo bien y Mayte porque no sentía los pies por el frío). La imágen de ellos volviendo, la sensación de que iba atrasando un poco a mis compañeros y la casi certeza de poder ir más alto pero no hasta la cumbre; se combinaron para hacerme decidir en ese instante. Ir hasta 6.500 (o 6600 tal vez) pero no a la cumbre para después volverme solo a Berlín, no me hacía sentir seguro. Mucho menos me atraía la idea de forzar la vuelta de Javier o Fernando más arriba para no bajar solo. "Jordi, Mayte! esperen un segundo, voy con Uds" creo que fueron mis palabras en ese momento. Cambiamos algunas cosas entre las mochilas de Fer, Javi y mía tratando de que llevaran de la mía los que les pudiera hacer falta, me saqué algunas fotos porque esa era "mi cumbre" esta vez (la que figura en los mapas no podía ser en esta oportunidad) y me despedí con el abrazo más fuerte posible de Fer y Javi (quien sabe? tal vez más tarde tuviera alguno más fuerte para darles). Antes de enfriarnos más de la cuenta nos separamos. Ahora mi destino (al igual que el de Mayte y Jordi) era el refugio de Berlín. Y no iba a ser fácil.

Al bajar nos cruzamos primero con "Comando" y su grupo (unas 7 personas, creo que todos de Fuerza Aérea) y le comenté que había olvidado darle a mis compñeros el handy. Me pasó su frecuenca y me dijo que en cada hora la prendiera y el me mantendría al tanto ya que iban también para arriba. Un ratito más tarde Tincho y el Doc, también ascendiendo nos consultaron por el viento más arriba (les dije que no era tan fuerte en la zona donde nosotros habíamos bajado). Seguimos hacia Berlín y en un sector que suele usarse para acampar (creo que se llama Piedras Blancas) el viento era terrible, con ráfagas que por momentos no ponía al límite de la caída. En una oportunidad nos obligó a los tres a detener el descenso y repararnos detrás de una roca por unos 10 minutos para esperar que se apaciguara. Un rato más tarde de las 10:30 llegamos al refugio en buenas condiciones y ahora sólo quedaba esperar que las horas pasen y algunas tareas como "hacer" agua, hidratarnos, escuchar el handy por novedades y hacer fuerza por nuestros amigos.

De a poco fueron llegando después de nosotros los diferentes grupos que habían desistido en su intento. Escuchando la frecuencia que me había indicado "Comando" escuché charlas de la gente de su empresa. Al consultar por Comando, para intentar saber de Fer y Javi, me respondió el mismo diciendo que estaba a unos 6 o 7 metros míos metido en su carpa y con su gente. Más tarde Tincho y el DOC (Andrés) vinieron a compartir con nosotros el mate, las sopas y el Té que Jordi preparaba sin darle descanso al calentador. Comando (también por radio a pesar de la distancia) me sugiró que preparemos varios termos para hidratar a la gente que estaba arriba porque el clima no era bueno y con seguridad iban a llegar en mal estado. Entre mate y mate me enteré que Tincho se pasaba los veranos en General Pico jugando a la pelota con el Guly Giganti, que a los 9 años al volver a desde La Pampa a Capital Federal después de pasar el verano le dijo a la madre que quería irse a vivir a La Pampa para jugar en Ferro de Pico (también me enteré que la madre lo sacó cagando). El Doc aprovechando su excelente frances, charló un rato con gente que estaba ahí desde antes que nosotros (en una carpa) y que recibían diariamente por teléfono satelital el pronóstico del tiempo que les pasaban sus amigos desde Alemania. Parecía ser que tenían la posta. Hoy era un día malo para intentar la cumbre, mañana sería peor (con vientos de más de 100 km/h) y que pasado mañana sería el mejor día del mes donde losvientos no superarían los 50 kms. El tiempo pasaba y no teníamos noticias de Pep y Vero ni de Fer y Javi. En una de las salidas (creo que más tarde de las 16) Mayte me indicó que venían bajando el Catalán y la Sanjuanina. Ayudándome con una piqueta subí unos metros con un termo con té para recibirlos. Su apariencia era desastrosa pero pudieron decirme que habían hecho cumbre y que habían cruzado a Fer y Javi en "la canaleta". Volvimos juntos al refugio y a seguir esperando una horita más, que fue lo que estimó Vero que podían tardar mis compañeros. La hora pasó enseguida pero sin novedades.

Por más que trataba de pensar en cualquier otra cosa la espera solamente lograba preocuparme un poquito más, a pesar de que intentaba no demostrarlo, Tincho me vió inquieto y me dijo "no te preocupes en un ratito si no hay novedades le digo a Comando que subamos un poco a buscarlos". Aún después de eso iba a salir varias veces más a intentar ver a Fer y Javi bajando, pero siempre sin novedades (Berlín se encuentra en una posición que no permite ver demasiado para arriba, recién puede verse a alguien bajando cuando ya se encuentra a 200 o 300 metros del campamento, salvo que el descenso lo hagan por el Gran Acarreo, cosa que nadie recomienda).

Entre charla y charla Martín y el Doc decidieron (basándose en el pronóstico de los franceses) que pasarían todo el día siguiente en Berlín para, al otro día, volver a intentar la cumbre. Andres (el doc) sacó algunas cuentas a cerca de los días con los que contaba (venían de hacer cumbre en el Cerro Plata) "si intentamos pasado mañana, todavía puedo quedarme" dijo, con su Infaltable gorrito verde y blanco de Atenas de Córdoba.
Mientras tanto en algún lugar del Aconcagua (por cierto más alto que Berlín):

Para cuando me separé de Hernán, Jordy y Mayte, Javi ya se había adelantado bastante. A esa altura era imposible “echarse un pique” para alcanzar a nadie, al menos para mí, así que, como dice Hernán, apliqué pasito pan-queso, pan-queso, y seguí avanzando. Hacía mucho frío y había viento fuerte, pero hasta el momento, era soportable. Pasamos Independencia –un viejo refugio, construido en la época de Perón, precario en su momento; destruido hoy- Javi siempre delante pero a la vista. Trataba de concentrarme en la respiración y el paso, olvidándome del resto, porque donde diera cabida a cualquier pensamiento fuera de eso, iba a dudar si seguir o no.

Es difícil de explicar esa sensación que sentí: el cansancio era fatal, la escasísima cantidad de oxígeno impedía una recuperación adecuada, el clima recontra áspero (si es que alguien pudiera tocarlo y afirmar tal cosa), mi compañero de tantos días en ese cerro y tantísimos más en otros (y en bares y asados y charlas y preparativos y cuántos otros buenos momentos) que había bajado, el hacer seis o siete pasos (literalmente) y tener que parar a recuperarme demorando más tiempo en ello que en lo que insumía el avance, saber que aún restaban varias horas (luego comprobaría que faltaban muchas más de las que pensaba)… Todo atentaba contra el plan “A”. Casi escribo “no sé qué mierda me impulsaba a seguir”, pero sí se: la “tonelada” de avemarías, padrenuestros y ángeles de la guarda que recé en toda la movida seguían haciendo efecto. No sólo me habían permitido llegar hasta ahí, sino también me hacían dar un paso más. Y como dice el refrán “A Dios rogando y con el mazo dando”, apreté los dientes y dale que va. El ascenso transcurría sobre terreno pedregoso, pero se divisaba más arriba un filo nevado, por donde cruzó Javi y dejé de verlo, ya que la senda continuaba del otro lado.

Ese fue otro golpe. Mirara hacia donde mirara, estaba solo. “La puta que lo parío! Tengo que llegar hasta ese filo, carajo!”. Cuando llegué, preferí no haberlo hecho. Un viento –que parecían varios- increíble me sacudió entero apenas sobrepasé el morro de nieve y hielo, de tal modo que me hizo perder el equilibrio y caí hacia un costado. El cagazo que me dio fue tremendo. En mi vida me había sentido tan expuesto a la fuerza de la naturaleza. Y eso que soy patagónico de pura cepa, y sé con precisión lo que son las ráfagas violentas, pero nunca percibí esa sensación de vulnerabilidad total ante lo inmenso, incontrolable, extremo. Recuerdo que hace unos años atrás, bajando en moto por “la 40”, en Provincia de Santa Cruz, atravesando solo la desolada estepa, las ráfagas me tiraron varias veces, y debía esperar que pasara alguien que me ayudara a levantar la Transalp cargada de bártulos para poder continuar. Eso no fue nada comparado con esto.

Cuando me serené y me afirmé, me puse de pié con gran dificultad, lo que me insumió mucha energía. Demasiada para lo poco que tenía. Alcé la vista para ubicarme, de acuerdo a los relatos y mapas que había visto: me encontraba al inicio de La Travesía. La famosa TRAVESÍA. Había leído algunas cosas acerca de este tramo de la subida, pero lo que la pinta con más claridad es el consejo de un porteador que días antes cruzamos en Canadian Place -al decir del Turco-. El flaco dijo: “Miren. Ustedes pueden volverse antes o después de la Travesía, pero nunca se les ocurra hacerlo durante. Por qué? Porque es un tramo interminable, donde pega el viento por la derecha de una manera impresionante y es devastador para la cabeza. Psicológicamente te destruye”. No es textual, pero fue la idea.

Decía que alcé la vista, y al instante se me vinieron a la cabeza esas palabras. Es un trayecto similar al que seguramente hice en otras oportunidades, sólo que aquí el muy puto está a más de 6000 msnm!!! El sólo hecho de hacer equilibrio para mantenerme en pié me agotaba, ni qué hablar de caminar.
Igual arranqué. El viento castigaba de lo lindo –lindo para quién!!! Hay dichos que no tienen sentido. Y en esas circunstancias la evidencia era contundente-. Helado, por la derecha, Eolo se colaba por cada resquicio de mi ropa, lo que no era tan grave porque llevaba varias capas, como indica la “técnica de la cebolla”. Lo que sí resultó jodido, fue que tenía puestos lentes de sol en vez de antiparras. Estas últimas resultaron indispensables.

El aire frío se metía por el espacio existente entre mi cara y los anteojos, violentamente. Trataba de acomodar el pasamontañas para cerrarle paso por la derecha, pero era imposible. Resultado: el ojo derecho se resecó y hasta diría que se congeló. No se si esto es clínicamente posible, pero en ese momento parecía serlo. La irritación era tremenda y, además de no ver, parpadear era un parto. Trataba de dejarlo cerrado, lo que pasa es que, ver con un solo ojo y caminar haciendo equilibrio para que el viento no me tirara al suelo (o a la mierda, mejor dicho) en esas circunstancias era mucho más jodido de lo que uno se puede imaginar. Todo esto parece tremendo. Y lo es.

Contextualicemos: Aconcagua. Doceavo día de marcha -hacia arriba, claro-. Algo así como 6400 msnm. Solo. Viento feroz. 20° C bajo cero de temperatura y cerca de 40° C bajo cero de sensación térmica. O sea. Seguí como pude. Un buen trecho más adelante, se veía una gran piedra a la derecha de la senda y me aferré a ese objetivo. Era importante llegar ahí porque, como el viento también venía de ese lado –y no dejaba de venir el hijo de puta-, la piedra me serviría de reparo para tratar de “parcharme” el ojo, con algunos elementos del botiquín que llevaba en la mochila. A duras penas, llegué. Saqué el bolsito con las vendas y unas gotas oftálmicas y… sorpresa! Estaban congeladas!!! Otra lección. Lástima que debí aprenderla justo ahí. JUSTO AHÍ. El vendaje no me lo pude fijar adecuadamente porque la cinta no adhería, así que quedó medio flojito y finalmente lo saqué porque era más lo que molestaba que otra cosa. Luego Tato, en Plaza de Mulas, nos diría que esa roca se llama “Peñón Martínez”.
Pensé: “Este es el momento. Me vuelvo”.
Le hice señas a Javi, que a lo lejos se había detenido un momento, mirando atrás, tratando de hacerle entender que no seguía. Con gestos vehementes me indica que no, que siga hasta donde estaba él. Con movimientos casi automáticos, casi ajenos a mi voluntad, avancé. En vano, pensé, porque ya había hecho el “click” y estaba dispuesto a bajar. Pero el roquense me cagó a pedo, desactivó el “operativo retorno” que venía madurando desde hacía un rato en mi interior, intentó hacer un nuevo parche, y seguimos para arriba. Ahora, al mismo ritmo.

No sé cuánto tiempo duró la TRAVESÍA. Deben haber sido algo así como unas 3 horas, eternas. Al final de la misma, yo necesitaba encontrar un oasis o algo por el estilo. Era lo mínimo que podría esperar para recuperar el ánimo. Pero no fue así. Cuando termina, arranca una bruta pendiente que lleva hasta la CANALETA (dícese del tramo final hacia la cumbre). Al menos eso decían todos los relatos, escritos y orales, que leímos y escuchamos antes de emprender esta hazaña, cuando todavía estábamos de remerita y tomando cerveza en algún bar neuquino. Ahora puedo decirlo: de “canaleta”, tal como yo me la imaginaba, no tiene una mierda; y de “tramo final”, menos todavía.

Al pie de la… la… sí, está bien, la canaleta, dejamos las mochilas y sólo cargamos líquido y cámaras fotográficas. Cualquier gramo extra significaba toneladas, así que fue una decisión inteligente (seguro que de Javier, porque yo no podía hilvanar media idea).

Arrancamos, una vez más, para arriba. La pendiente es bien pronunciada, y se sube por unas piedras bastante grandes, bastante pegados al lado derecho. Por el centro de la… la… canaleta! es prácticamente imposible porque las piedras son más chicas y se comportan como un acarreo: un paso para arriba y dos para abajo. No es negocio.

Releo estas últimas palabras y me río: como si las piedras del lado derecho fueran un negocio bárbaro!!!. Horrible, pero no quedaba otra. Dale que dale para arriba y por ahí, vemos que a nuestra izquierda, vienen bajando Vero y Pep. Habían hecho cumbre!!! Qué alegría, la concha de la lora!!! Nos gritan que sigamos, que “sólo” falta una hora. No corrí a cagarlos a trompadas porque no podía dar dos pasos sin necesidad de parar a tomar aire. Además ellos ya iban bajando y… Por qué no se van a la p… Mejor nos hubieran ignorado, porque a esa altura del partido que me vengan a decir que falta “sólo una hora” es para calentarse.

Después de la canaleta viene el Filo del Guanaco. En las fotos parece un sendero más o menos llano o con poca pendiente, casi un paseo hasta la cima. Las pelotas!!! No es llano, tiene pendiente y se tarda como media hora en recorrerlo. Y lo que es peor: todavía falta para llegar arriba!!!

En un momento no sabíamos para donde seguir, dónde estaba la cumbre. Lo único que veíamos eran unas piedras de unos tres metros de altura a nuestra derecha. Será por ahí? Y Javi trepó para ver qué había arriba o del otro lado, mientras yo esperaba ahí abajito por si le habíamos errado. En eso se asoma y me dice “Es por acá”. Trepo, hacemos unos pasos y aparece ante nuestros ojos la cruz metálica, cubierta de banderas, pañuelos, rodeada de mil boludeces (testimonios de cumbre), típica foto de la cumbre. Solo que esta vez no fue una foto.

Nos abrazamos y felicitamos. Javi estaba muy emocionado. Yo también, aunque me faltó otro abrazo para que la felicidad fuera completa; el de Hernán. Y punto. No voy a arrancar acá con todas las cosas que pensé y me planteé acerca de su ausencia en ese momento. EL MOMENTO.

Recuerdo que unos años atrás, cuando Guille volvió del Aconcagua, le pregunté: “¿Y qué se ve desde la cumbre?”. A lo que respondió, orgulloso: “América”.

Claro, es el “techo” del continente, así que desde la cima todo se ve más bajo. Impacta la pared sur. Es imponente. El resto, todo inmensidad, donde la vista se pierde, sin que la mirada se vea interrumpida por nada de nada. Tomé unas cuantas fotos y Javi filmó. Cuando quise sacar la bandera del grupo “Travesías”, nuestro grupo, el viento me la arrancó de las manos y quién sabe dónde fue a parar. Había llevado otra bandera, con la leyenda “AFIP. Por una nueva cultura tributaria”. Un poco fanático, pero me siento orgulloso de la institución a la que pertenezco y, especialmente, de su función social, aunque parezca mentira. La saqué, tomándola con fuerza y le pedí a Javi que disparara unos fotogramas. Antes de bajar, notamos que la bandera roja y amarilla que envolvía la cruz metálica, era el “testimonio” que habían dejado Vero y Pep.

Ya no daba para más, estar quietos con ese frío nos hacía bajar la temperatura corporal y no podíamos darnos un lujo semejante. Emprendimos la retirada, como diría luego Guille acá en Neuquén, con la mochila llena de cumbre. Flor de cumbre!!! Cuando empezamos a bajar, no podía creer lo que estaba pasando: daba dos o tres pasos y me agotaba! Esa es una sensación que se suponía sólo debía sentir hacia arriba, pero no en el descenso! Error. A esa altura, cualquier movimiento es agotador, sea cual sea. Entonces el regreso se hizo muchísimo más duro que lo pensado. Desandar la canaleta fue otro parto (y van…). Larguísimo. Interminable. Hasta que llegamos al lugar en que habíamos dejado las mochilas. Tomamos algo de lo que llevábamos en los termos, las cargamos y continuamos camino. No recuerdo con precisión las horas, pero creo que llegamos a la cumbre alrededor de las 15:00; o sea, bastante tarde. Debíamos andar lo más rápido posible. Si bien llevábamos GPS, la cosa podía ponerse muy fea si nos agarraba la noche. Pero había algo peor: antes que la noche, nos agarraría una bruta tormenta que veíamos detrás nuestro, bastante cerca. Un excelente motivo para acelerar la marcha.

Cuando llegamos nuevamente a La Travesía, nos pusimos los grampones, para avanzar más rápido y seguros. Tratábamos de acelerar el paso, pero la naturaleza se imponía, dándonos un “correctivo” detrás de la oreja, como diciéndonos “Che, che, che. ¿Adonde creen que van con ese pasito pretencioso?” Inevitablemente debíamos bajar el ritmo, ya lento de por sí. En un momento nos encontramos sin saber para dónde disparar. No reconocíamos el lugar, no había sendas claras y ningún punto de referencia (seguramente había muchos, pero no para nosotros que era la primera vez que andábamos por ahí). Seguimos bajando. Javi no estaba muy convencido del rumbo pero yo no le daba tiempo para que piense demasiado. Más o menos intuitivamente fuimos descendiendo, hasta que en un momento vimos muy a lo lejos y abajo, un conjunto de carpas: era Nido de Cóndores.

A la mierda. Si bien sabíamos (¿sabíamos?) que no nos habíamos pasado de largo de Berlín, teníamos que extremar los cuidados para que eso no sucediera. Hubiera sido tremendamente complicado tener que volver a subir. Y continuar hasta Nido no hubiera sido una opción porque los muchachos saldrían a buscarnos “para arriba”.

Eran más de las 19 hs., atardecía, y la tormenta nos pisaba los talones.

Mientras tanto, en Berlín…


Un poco después de las 8 pm (cuando definitivamente estaba muy preocupado) Tincho se paró (el estaba muy calmo) y dijo "voy a hablar con Comando, preparate todos los termos que puedas con sopa y té bien caliente". Cuando abre la puerta del refugio, me dice: "bajan uno de rojo y uno de azul. Que camperas tienen tus compañeros?". Si Señor! Esos no podían ser otros que Fernando y Javier y mi alegría no podía ser más grande.

Lo que faltaba del descenso hasta Berlín no recuerdo bien cómo fue. Creo que empezamos a reconocer lugares por donde habíamos transitado a la mañana. No sé. Gracias a Dios de pronto apareció ante nuestros ojos el refugio y un Hernán emocionado esperándonos con algo caliente unos cuantos metros arriba, hasta donde había alcanzado a correr cuando nos vió a lo lejos.

Otra vez piqueta y termo en mano, salí para arriba casi corriendo a recibirlos. Si Vero y Pep tenían mal aspecto, para estos dos no quedaba adjetivo, con los labios morados, los ojos blancos; muuuy blancos y fijos mirando detrás de los anteojos, eran verdaderos espectros. Y lo que es peor, espectros desconsiderados que no hacían más que tirar el té cuando intentaban tomarlo. Después de la primer taza no aguanté más y pregunté: "Llegaron?", "SI!" suspiró Fernando y si que tenía un abrazo más grande y más fuerte que el de la mañana para darles. Bajamos rápido para que el calor del refugio empezara a hacer efecto en la recuperación.

Mientras charlábamos y hacíamos los chistes propios de la calma recuperada, Pep decidió hacer limpieza del refugio y organizar la mejor "picadita" de altura que se haya conocido. Entre los restos de comida que la gente va dejando en el refugio aparecieron galletitas "saladix", bondiola, chorizo, queso, incorporamos nuestro queso, sopas, criollitas, Tincho aportó aceitunas y si hubiéramos tenido vino, siento que aún nos encontraríamos en Berlín, resistiendo por todos los medios los intentos de Patrulla y Guardaparque por bajarnos.


DIA 13 (Miércoles 20):
Nuevos amigos, despedidas y bajar. De Berlin a Mulas...

Parecía ser que en ésta oportunidad todo el mundo tenía más sueño que yo, desde temprano ya no pude dormir más y la sensación de ahogo fue creciendo ayudada por el techo del refugio que casi me tocaba la nariz en el lugar que me encontraba (contra uno de los costados siendo que el refugio es una construcción tipo casa "alpina"). Cuando ya no aguante más me fui con mi aislante al centro de refugio para poder sentarme y cambiar de posición tratando de joder lo menos posible a los dormilones que me rodeaban. Pero aparentemente Javier estaba como yo y se me sumó proponiendo calentar agua. Dedicimos que no para no joder y así estuvimos un rato en silencio hasta que Tincho (que estaba con Andrés en una carpa) abrió con violencia la puerta y para nuestra alegría (de Javi y mía) la hora de dormir se acabó. Arrancó el mate y el desayuno para todo el mundo, entre diálogo y diálogo Martín y Andrés reiteraron su plan y me invitaron a sumarme para intentar al día siguiente por segunda vez la cumbre. En caso que lo haya dudado, sólo fue por 2 segundos hasta que asumí que ni mi cuerpo ni mi cabeza estaban como debían para otro intento (a pesar de que me sentía muy bien para estar a casi 6000 metros por segunda noche consecutiva). Aceptar implicaba terminar durmiendo 4 noches en "Berlín" en este momento en que mi cabeza ya deliraba por carne y vino en la ciudad de Mendoza, para brindar por la cumbre de mis compañeros hasta cansarnos. Armamos todo y disfrutamos cada segundo del último rato de altura. Los catalanes y Vero (la sanjuanina) bajaron antes pero ninguno de nosotros 3 tenía demasiado apuro, hicimos todo muy lento, nos despedimos varias veces de cada uno de los chicos que se quedaban. Con Fer le preguntamos a Tincho si necesitaban algo que pudiéramos dejarle y se quedó con mi campera de pluma, porque la suya tenía el cierre roto (muchos días más tarde iba a recibir un mail "del Doc" con fotos de su viaje y vería a Tincho dentro de mi Ansilta Rojita en la mismísima cumbre del Aconcagua).

Finalmente y después de esos abrazos que no se comparan con ningún otro y de las últimas fotos, comenzamos el descenso rumbo al Campo Base. Como siempre, la premisa era hacerlo con cuidado y no lastimarse por avanzar relajados o distraídos. Javi aprovechó para filmar un poco e ir terminando de darle forma a su video. Al pasar por "Nido de Cóndores" el clima amenazaba con complicarse del todo, así que, sin escalas seguimos con "Cambio de Pendiente", "Piedras de 5000" y "Plaza Canadá" por delante. El cansancio y la ansiedad por llegar a "Mulas" se hacían notar y las últimas 2 horas de descenso se hicieron eternas. El cielo pintaba para descargar una linda nevada sobre nosotros, pero a pesar de estar lejos, ya podíamos ver Plaza de Mulas, lo cual nos tranquilizaba respecto a cualquier complicación con el clima. Luego de "Piedras Conway", las ganas de llegar no se aguantaban más y eso parecía hacer que el tiempo avanzara más lento. A esa altura los dedos de los pies me dolían muchísimo por el constante golpe contra la punta de la bota plástica.

Ya casi en nuestro destino, para completar el marco de ansiedad y ganas de llegar YA! pifié el senderito que atraviesa el último campo de penitentes y tuvimos que pasar por un caminito más que complicado. Hice méritos para que Fer me cagara un piñon atrás de la oreja, pero a esa altura ya veíamos nuestra carpa y los dos optamos por reirnos de la pavada que me había mandado en lugar de calentarnos siendo que ibamos a estar merendando en unos minutitos. Al entrar a Mulas, nos cruzamos con Mayte y Vero y quedamos en que un rato iríamos para su carpa, antes queríamos sacarnos de encima las mochilas y las botas y saludar a Carlos y Vanesa después de algunos días de ausencia.

Después de 4 días en los campamentos de altura, la hospitalidad de Carlos y Vanesa (a pesar de que les interrumpimos la siesta) fue mejor recibida aún que los días anteriores en el campo base. Tomamos algo caliente en la "carpa cocina", les contamos sobre los días pasados, les dimos noticias sobre Tincho y "el Doc" que también estaban en su campamento y después de hidratarnos y acomodarnos fuimos a hacer unas llamadas desde el teléfono satelital de "Mulas".

A la vuelta, buscamos donde comer algo diferente a lo de los últimos días, no importaba demasiado qué (pizza, un lomo, una hamburguesa, lo que fueraaaa!). No fue fácil ubicar un lugar porque aún se seguían organizando las empresas y la temporada no estaba armada al 100%. Terminamos en lo de Tato, un viejo anfitrión de Plaza de Mulas con mil historias para contar y hacer que nos quedaramos alusinados con sus relatos de sobremesa. Si si, sobremesa; Fer le dejó claro que primero le metiera pata con la Cerveza y las Pizzas, después iba a haber tiempo para la charla y asi fue. Una vez que fuimos llenando la panza y brindando varias veces con la Quilmes, sacamos algunas fotos y hablamos (o habló Tato) de mil historias. De ascensos, de peleas, de accidentes...Sin dudas lo que más me movilizó entre todas esas grandes historias, fue el momento en que le preguntamos donde habían ocurrido los accidentes de los que nos contaba. "Acá, en la normal" dijo. Ahí mismo desde donde nosotros acababamos de bajar, ahí donde ningún lugar parece ser peligroso. Puede hablarse largo y tendido de esto (sube cualquiera, es un negocio, en el parque se trabaja bien o mal, etc) pero no siento que sea el momento, solamente eso, estoy recordando mientras escribo esa sensación que me invadió en ese momento "la puta! todo esto que cuenta Tato pasó en lugares que acabamos de pisar".

Esa noche volvimos a dormir en el Domo de Lanko y volvimos a cagarnos de frío (en mi caso, venía sintiendo frío desde mucho más temprano). Ganamos en no tener que armar las 2 carpitas pero el frío se siente mucho más dentro de estas carpas grandes.


DIA 14 (Jueves 21):
De Plaza de Mulas a la calle Aristides Villanueva...

El último día en el Parque Provincial Aconcagua arrancó con un buen desayuno, un capuchino que preparó Javier para los tres. Mientras terminábamos de armar los dos bolsos que Carlos iba a mandar en las mulas para Penitentes, Fer me pidió una pequeña colaboración para no entregar la bolsita MFA vacía a los guardaparques. No fue sencillo, pero el cumbrero merecía mi esfuerzo, me fui hasta el baño y le di el gusto. Pudo entregar su bolsa con algo dentro (para depositar en el "blue container") al momento de salir de Plaza de Mulas, a pesar de que no pudo "ponerle nada" en los campamentos de altura. Nos despedimos de Carlos y Vanesa y empezamos el descenso de la "cuesta brava" para luego recorrer toda la "Playa Ancha" ahora con otras expectativas y la ansiedad de volver a la civilización.

Pasando por "Piedra Ibañez" Javier levantó algunas imágenes para su video echando mano a algunos "Hello Friends!" y a la buena voluntad de unos Gringos que iban para arriba. Más tarde, al cruzarme con un grupo que subía, continué con "la cadena" que había comenzado la pelirroja 9 días atrás advirtiéndonos sobre la mejor forma de avanzar por "Playa Ancha" sin mojarse los pies (siempre por la derecha).

Algo más abajo abriríamos una nueva categoría en la tabla "clases de mujer" que como no somos muy originales nombramos "la mujer playa ancha". Quizá no tan bella, quizá no tan dulce pero de una fortaleza y misterio que atrapan sin remedio avanzando sola y decidida hacia "Plaza de Mulas" por la inmensidad "Playa Ancha". Para no ponernos estrictos, "La Mujer Playa Ancha" puede encontrarse en las cercanías de cualquier montaña (y hasta podemos prescindir de la montaña y encontrarla trotando por La Plaza de las banderas en un día frío y ventoso).

En el los últimos Kms de "Playa Ancha" nos pasó una mula "emputecida" que no daba pelota ni a sus colegas ni a los arrieros. En el pataleo tiró los canastos que llevaba y no pudimos evitar preocuparnos por nuestras cosas (no sabríamos hasta estar en Penitentes si lo que fue a parar al suelo era nuestro o no). Si hasta el momento me había quedado claro que seguirle el ritmo a Fernando puede ser mortal, el Flaco iba a dar más muestras de sus condiciones a la hora de andar rápido. En todo el descenso fuimos parando y descansando para disfrutar los últimos momentos en los alrededores del Aconcagua pero luego de cada descanso, el muchacho salía disparado como si ya estuviera a 2 cuadras de un bife de chorizo y una copa de vino.

Al llegar a Confluencia buscamos a Gonzalo (quien nos había hecho la gamba con la carpa en nuestra estadía ahí) para darle un abrazo y contarle las buenas nuevas, pero nos encontramos con que lo habían reemplazado con uno de esos personajes de película, Rody (Rodrigo) que no paraba de dar show y realizar las tareas propias del campamento. Hizo malavarismo con pelotas y clavas, dijo miles de frases como: "Portensé mal, pasenlá bien", hizo toda una actuación para el video de Javier, nos alcanzó agua, terminó de preparar la carpa comedor para el grupo que justo llegaba desde Horcones y nos deseó buena suerte mientras partíamos pronto para no enfriarnos demasiado.
Al pasar por el puesto de guardaparques le pedimos que avisen a Horcones sobre nuestra inminente llegada para que avisen a Osvaldo de Lanko y que nos vaya a buscar a la salida del parque. Cuando me preguntaron por cuanto tiempo respondí seguro "Hora y media" ante la mirada de Fer que parecía decir "si ud lo dice!". Así que bajamos como pedo y en mi caso no me quedaba más remedio para mantenerme cerca de Fer (con su paso apurado) que trotar ayudado con mis bastones. Ya por la laguna Horcones respondimos gustosos a las preguntas de un Cordobes que disfrutaba (el y su flia) de cada yuyito, charcho y caminito como si fueran los últimos. No podía entender que veníamos desde arriba, nos consultaba por la temperatura que hacía arriba y nos felicitaba con una admiración tremenda, así que después de charlar un rato, apuramos el paso para salir de una vez del Parque, llegamos a Guardaparques, hicimos el check-out y al salir de la carpa les di un gran abrazo a Fernando y Javier y nos agradecimos mutuamente el apoyo que nos dimos durante toda la expedición.

Estiramos un rato, para evitar los dolores del día siguiente y en un rato cayó Osvaldo en su camioneta, cargamos y salimos sin escalas a Villa Penitentes. Una vez ahí y mientras esperábamos que la gente de Lanko nos arrime la carga que bajó en las mulas, aprovechamos a llamar a los nuestros y a compartir la alegría y la emoción que teníamos con ellos. En cada llamada podía notarse el alivio de todos que parecían decir "uf! cuanto me alegro, estan a salvo!". Mientras nos poníamos al día con todos, llegó la camioneta, bajamos las cosas, las metimos en la coupé de Fer atrás y nunca voy a saber en que hueco pudo entrar Javier, que no hablaba mucho durante el regreso porque el espacio no se lo permitía.
Solamente, cuando por enésima vez nos confundió un agente del orden, al pasar por un control en la ruta; Javier hizo su gran aporte. Como en todas las rutas de Mendoza "la ley" hace una seña tan confusa que uno no sabe si; bajar la velocidad, avanzar, detenerse o que carajo. Así fue como Fer siguió de largo ante un revoleo de manos indecifrable y cuando pasamos por poco nos apunta con un cañon para que volvamos masticando bronca porque no les costaría una mierda hacer señas claras. Nos detenemos ante el oficial que pregunta de mala manera: "uds no saben leer" y Fer responde de peor forma: "si se leer!", señalo un cartel que había en la banquina que decia PARE que de ninguna manera justificaba su infeliz participación en el medio de la ruta (mientras tanto javier en silencio). Después de una sarta de huevadas y cagadas a pedos nos dijo: "bueno sigan!" como diciendo los "los perdono solo por hoy". Seguimos el camino en silencio todavía calientes aunque un poco cagados por las posibles consecuencias de un entredicho de esos, y de pronto Javier opina: "y ud no sabe que no se puede dirigir el tránsito con unos anteojos así? Es policia o el cantante de Los Sultantes Ud?". Creo que llegamos riéndonos a la ciudad de Mendoza.

Una vez instalados en el Hostel Independencia, nos bañamos rápido y salimos disparados hacia los "excesos citadinos", No recuerdo haber disfrutado en mi vida de una cena como lo hice esa noche. Fer tomó la palabra con el mozo y atrás Javi y yo dijimos "Lo mismo!". El plato que iba a acompañar al tinto era "Bife de Chorizo a la pobre". No me alcanzaban los ojos para ver todo lo que había sobre el bife, muy pero muy grueso. Arvejas, Morrones, huevo frito, papas fritas, queso, fetas de jamón. Así que después de la empanadita de entrada y el brindis por la cumbre nos dedicamos con paciencia a "liquidar" el plato. No voy a olvidar esa cena en mi vida. Todo era perfecto, todo pintoresco, todo nos ponía más y más contentos. Desde las chicas (que debían encontrarnos algo extraño porque nos miraban bastante) de la mesa de al lado que se dedicaban a complicarle la noche al mozo, pero el servidor con oficio se las arreglaba para no enojarse e inclusive les animó la velada por largo rato, hasta el conjunto musical que se arrimó a las mesas de la vereda del restaurant para hacer de esos clásicos de siempre (la vieja y querida "una que sepamos todos"). Las pulsaciones de la mesa y en especial las de Fernando subieron hasta el cielo cuando sonó "Malagueeeeeeeeeeeña salerosa!" y así fueron varias que los hicieron merecedores de la propina. No recuerdo si hubo postre, sospecho que no porque llegar al final del bife no fue fácil.

De ahí a "El Lúpulo" a ver las chicas mendocinas por "La Arístides" y tomar una cervecita artesanal. Invite a mis amigos (el Chango y La Negra) pero no se pudieron arrimar porque estaban invitados de antes a una cena con compañeros de oficina. La ausencia durante más de 10 días de la civilización hacia ver la fauna Mendocina mucho más maravillosa que antes de partir, y la cerveza estaba increible.
Ya de vuelta hacia el Hostel, un heladito que ya no me acuerdo donde fue (por la emoción y lo bebido), una foto en la Plaza Independencia con el escudo argentino atrás (una de esas que a uno fresquito no se le ocurren) y a dormir.


DIA 15 (Viernes 22):
Vuelta a Nuequén, con mucho para contar a nuestra gente...

Por la mañana, no muy temprano y con la cabeza al punto de estallar víctima de los ya mencionados, excesos citadinos, nos dispusimos a desayunar y habiendo cumplido con esto, empezamos a organizar todo y dejar los bagayos listos para cargar en el auto. Mientras Fer y Javi fueron a despachar por enconmienda algo de equipo que era imposible meter en la Coupé para un viaje hasta Neuquén, yo me arrime hasta lo de mi compañero y amigo Adrián, "el Davolio" si si, el que trabaja en "la telefónica" igual que yo.

Como supuso, creo yo, que había caminado poquito durante los últimos días, me sacó a dar vueltas como tonto que perdió el vuelto por el centro de Mendoza, para buscar un repuesto de una filmadora. Por suerte lo encontró en el primer local en el que entramos y con la batería nueva en mano nos arrimamos hasta la peatonal a tomar un cafecito y llenarnos lo ojos de cosas lindas. Con la capacidad organizativa de un Comando S.W.A.T hizo 3 llamadas y ya teníamos una linda reunioncita donde no faltaron dos viejos conocidos míos, "el Infelí" y es Sr Sergio Navarro (más conocido como el flaco manguera o manguerita).
Luego del lindo momento con "buenos muchachos" sonó el teléfono. Fernando y Javi habían terminado con el trámite de la encomienda y estaban listos para que cargáramos y partiéramos rumbo al alto valle. De vuelta en Hostel y con todo cargado empezamos a desandar (no sin algunas puteadas de esas que en la ciudad un conductor le revoleo a otro) esos algo más de 800 kms que habíamos recorrido unas dos semanas atrás llenos de ganas, dudas y miedos. Pero ahora siendo 3, con "el polizón" de General Roca que el Aconcagua nos había presentado. Si bien la vuelta sirvió para recordar momentos vividos allá arriba, sanguche de jamón crudo (en Pareditas) y Helado (en San Martin) de por medio, la vuelta estuvo más bien relacionada con el silencio y con ese balance que cada uno hace "puertas adentro" luego de una gran experiencia.