TRAVESIA HIELOS CONTINENTALES

La tentación por comparar esta experiencia con el ascenso al Aconcagua estuvo dando vueltas desde que el plan se gestó y permaneció durante el desarrollo de toda la esta experiencia. A pesar de llegar una y otra vez a la conclusión de que son cosas diferentes la tendencia hacia esta comparación permanecía quizá porque era seguramente la empresa más exigente a la que nos habíamos enfrentado algunos de los del grupo hasta la fecha, y quienes no, al menos miran con curiosidad e intriga al pico más alto de América.

Quizá el día de intento a cumbre "el puño" del Aconcagua apriete el cuello de quien se lanza a la aventura más fuerte que la travesía en los Hielos. Quizá Hielos no tenga un factor tan determinante para el organismo como la altitud, la no aclimatación y sus consecuencias. Pero no hay dudas de que "el puño" de los campos de hielos permanece sobre el cuello del montañero desde que uno abandona Piedra del Fraile (apenas 2 horas después del inicio de la travesía) hasta que se arriba a El Chalten una semana más tarde. Aprieta y no ahorca el puño patagónico, o no a nosotros al menos en esta oportunidad, pero aprieta en forma sostenida durante tanto tiempo que uno llega a decir "cuando termina esto? cuando vamos a poder relajarnos por un día completo?". La respuesta es corta...Cuando los casi 90 kms hayan sido recorridos y nuestros pies pisen nuevamente las calles de El Chalten, el pueblito que es a la vez punto de partida y de llegada para esta aventura.

Definitivamente es La travesía de los Campos de Hielo una experiencia ("una movida" como nos gusta decir) muchísimo más completa si forzamos la comparación con Aconcagua, comparación insisto, que quizá no tenga razón de ser.

Se transita por infinidad de terrenos diferentes, se usa mucho más equipo, requiere cargar "Casa", ropa y comida para una semana sobre la espalda, solo tienen respiro nuestros hombros durante unos dos días en que el campo de hielo nos permite usar los trineos para desplazar la pesada carga, hay que usar grampones sobre el duro hielo del Glaciar Marconi, hay que usar raquetas para no hundirse hasta las rodillas en la nieve blanda que cubre el campo de hielo. Hay que encordarse y avanzar atento sobre grietas que a veces se ven y a veces no. Hay que subir (hacia paso Marconi primero y Paso del Viento días más tarde) quizá más de lo que nos han requerido muchas cumbres que pisamos antes, hay que asegurar con el uso de la cuerda pasos muy expuestos para no arriesgarse a una caída. Hay que avanzar bajo la lluvia por largos ratos, hay que badear el río Polone con agua hasta la cintura y cruzar el Río Túnel usando una tirolesa. Se transita por bosques de lengas, por un mar de hielo, por glaciares, morrenas, mallines, acarreos y pedreros interminables. Hay que armar y desarmar las carpas en medio de ráfagas que al mínimo descuido se llevan para siempre elementos de nuestro equipo y esto ocurre sin excepción cada noche y cada mañana.

DIA 0 (27 de Diciembre de 2008):
Desde Piedrabuena hasta El Chalten o curso acelerado para entender la inmensidad de la Patagonia.

Una vez que arribáramos a Piedrabuena (al Este de la provincia de Santa Cruz) luego de unas 25 horas de colectivo desde la Ciudad de Neuquén, tomamos contacto con Juan Carlos, el chofer de la empresa que nos cruzaría completa la provincia de Santa Cruz de Este a Oeste para dejarnos al fin en Chalten. Juan Carlos, es de Salta y desde Septiembre labura en esta zona. Su curiosidad y ganas de aprender han hecho que a pesar de ser "extranjero" en Santa Cruz ya esté muy capacitado para ir poniéndonos en tema de todo lo que tiene que ver con la provincia, el Chalten, algo de historia, algo de actualidad, Donde se pesca, donde no e inclusive algunos detalles de la travesía que vamos a encarar.

Ya en El Chalten y aún en una especie de trance luego de atravesar la estepa patagónica y de superar el shock de presenciar por primera vez el lago y glaciar Viedma y de empezar a entender que al fin estamos en el lugar con el cual hemos soñando desde hace meses, nos acomodamos en el Hostel. Después de algunos trámites y armados de las mochilas que asustaban cada vez más (por su forma y su tamaño) cenamos por última vez en la civilización un guiso de cordero y papas que le salió increíble a Pablo.

DIA 1 (28 de Diciembre de 2008):
Desde el Puente del Rio Electrico a Piedra del Fraile. El principio de de la travesía. La Patagonia hostil aún no se ve pero las mochilas con toda la carga nos hacen pensar.

Por la mañana Víctor ya se mostraba como un buen retador para el campeón, Pablo, en la pelea por el título internacional, unificación de todas las coronas de "el que más tarda en armar el equipo". "El Combate" sería parejo durante días y cualquier otro rival que anduviera dando vueltas no seria un retador digno de estos dos "pesos pesados" de la tardanza (y eso que no es de dar pocas vueltas este servidor). Luego de hablar con el guardaparques Pablo, sobre detalles de la travesía fuimos hasta el tradicional puente del río eléctrico donde la cosa comienza, la despedida de Juan Carlos digna de un familiar a esa altura comprometido con nuestra ansiedad, nuestras dudas, nuestro entusiasmo y a caminar. Ese día se anda por bosque de Lengas cruzado por senderos hermosos y se pasa algún que otro arroyo. Cuando habían pasado algo más de dos horas de caminar, el campamento Piedra del Fraile aparece y con él una decisión a tomar, hacemos noche acá o seguimos con el plan de ir hasta la playita? votamos y ahí dormimos nomás, en el último lugar de la ruta donde la vegetación se anima a crecer. Antes de armar las carpas y mientras comenzábamos a almorzar una de las tantas anécdotas de la movida iba ocurrir.
En una de esas cosas que ocurren cuando a uno se le nubla la vista por la sed y el hambre Ricki buscó un sobre de jugo Tang, una botella de agua en alguna de las mochilas. Preparó el jugo y le dio un trago respetable. No era agua sino el solvente para los calentadores.

DIA 2 (29 de Diciembre de 2008)
De Piedra del Fraile a la Playita. Hoy si que la Patagonia nos dio su primer caricia. Viento, piedra, vadear un rio helado y los más hermosos paisajes comienzan a aparecer

La mañana siguiente, después de una noche lluviosa, arrancó un ratito antes de las 11. Ni bien salimos del reparo de La Piedra del Fraile, el viento y una llovizna nos empezaron a poner en situación pero nuestras sonrisas parecían decir "acá estamos! para esto vinimos y que lindo se siente!!!". Una vez que llegamos al Lago Eléctrico algunas dudas sobre la senda surgieron y después de un rato apareció la correcta que se eleva bastante del nivel del lago (la que aparece como posible más abajo nos habían advertido que suele ser usada por porteadores y si bien más directa, es también más expuesta). Después de andar entre piedras grandes por un buen rato el paisaje se abre un poco y llega uno de los hitos de la movida, el badeo del río Polone. Por más que buscamos pasar sin mojarnos, no apareció nada y no quedó otra que prepararse para la cosa, cada cual fue aprestándose según lo que había traído para la tarea y yo con mis Alpargatas marca Taba y sin mochila crucé primero llevando la cuerda con la que aseguraríamos el paso. Uno a uno fueron pasando enfrentándose entre dos grandes fuerzas: La de ir despacio y seguro sin arriesgarse a un traspié y la de salir urgente de ese agua que hace caer lágrimas de dolor hasta de los ojos de los más duros. Y es que parece que el río Polone muerde la carne de nuestras piernas. En medio de esa pelea, Pablo perdió la vertical y ayudado un poco por la cuerda y otro poco por Ricardo (al limite de lo que sus pies podían aguantar en el agua) lo recuperamos sin mas novedad que un chapuzón. Un poco más tarde se llega al fondo de lago yendo de Este a Oeste, se lo comienza a rodear y luego se vuelven unos cuantos pasos al Este para trasponer una península que desde donde estamos, esconde nuestro próximo campamento. Algún pasito de cornisa con unos cuantos metros para abajo, el lago allá abajo, me ponen de frente una vez más con mi problemas con la altura (me cago hasta la patas para definirlo en términos técnicos) y Ricki me da una mano para salir rápido del mal trago.
Una vez más con viento armamos todo en "la playita" y somos nosotros 7 toda la población del lugar. La panza de Ricardo pide comida de verdad (y nada de barritas, nueces y caramelos de marcha) y se pone manos a la obra con una polenta, lo cual preocupa a Guille que imagino, teme actos de canibalismo en los últimos días si abandonamos el plan maestro de una sola comida fuerte por día. Guille advierte, Ricki tranquiliza respecto a las reservas de morfi que tenemos y nuestros cuerpitos felices con esta novedad en la dieta (comer algo "de verdad" antes de la cena). A esta altura "la extraña solidaridad montañera" se hacia presente a cada momento. Toda ocasión era buena para ofrecer "desinteresados" nuestros kilos de alimento. "No, no! tomemos mate con nuestra yerba", "tenés azúcar? yo te presto", "comamos una polentita! los invitamos a nuestra carpa!" "que llevamos?" "nada nada! por favor que me ofendo, eh!".
Y es que la cosa estaba fea para todos. No llegamos nunca a pesar las mochilas completas para sacarnos la duda, pero estimamos por los 25 kilos el peso en nuestras espaldas. Y el bonus track era una cuerda que pesaría unos 5kg más que era tratada como una de esas personas indeseables a quien todo el mundo le esquiva. La pobre iba por turnos de mano en mano y cada turno se vivía como una condena.

DIA 3 (30 de Diciembre de 2008)

De la Playita a un campamento de urgencia en algún lugar del glaciar Marconi. Era el día clave y empezó tarde por el clima. Día de Postales impagables pero tan duro como una cumbre bien peluda.

El amanecer en la costa del Lago Eléctrico fue, una vez más, con viento. Y mientras cada uno se alejaba de la zona reparada de las carpas, para sus necesidades, volvía con cara de "está fulera la cosa". Y como hacíamos tiempo y el viento no aflojaba no quedó otra que arrancar. El afamado clima de la zona empezó a mentarnos hostias atrás de la oreja ni bien salimos. El viento nos mandó al suelo en más de una oportunidad y cuando es en terreno plano y blandito, la cosa no es grave y hasta arranca risas y burlas, pero cuando se transita por lugares complicados uno empieza a pensarlo 3 veces antes de levantarse (levantarse uno y los veintipico kilos de equipaje en la espalda) y seguir adelante. Ya desde temprano, en los preparativos, las indicaciones, el nerviosismo y los planes, esta jornada se respiraba como una de las importantes sino la crucial. Es que hoy era el día para entrar al Campo de Hielo y ya sabíamos de expediciones que tuvieron que volverse, a causa del clima, desde esta zona sin poder casi empezar el recorrido planeado.
Unos 20 o 30 minutitos después del comenzar y habiendo llegado a los golpes y tratando de esquivar ráfagas, unas pircas preparadas para instalar carpas, fueron nuestro refugio y reunión ahí para deliberar. Sacamos las mochilas y avanzábamos para poder ver Lago, Morrena y Glaciar Marconi y definir que hacer. Estaba realmente feo el viento y a nadie le gustaba la idea de que nos tire en el hielo y sobre alguna pendiente pronunciada. Imagino que unas dos horas hemos estado matando el tiempo y yendo a ver como pintaba más arriba hasta que la decisión fue volver al lugar de la noche anterior para decidir hasta que día nos permitiríamos esperar ahí y ver si mañana o sino pasado mañana podíamos subir. El punto era cuantos días de backup podíamos quemar en "la playita" esperando buen clima sin que el tiempo para dar la vuelta se nos agotara. Con la decisión tomada Jose Luis opinó que ya que volveríamos y teníamos todo el día para hacer nada, que siguiéramos hasta el pie del glaciar para ver la morrena y el principio de la senda. La carta del triunfo había sido dejada sobre la mesa por Jose aunque ninguno de los 7 aún podía verlo.
Una vez al pie del glaciar las cosas se veían mucho mas fáciles que a la distancia, y el viento aflojaba un poco (o quizá sin darnos cuentas estábamos más reparados) y el piso era firme y uno podía caminar seguro y la senda avanzaba despacio pero sin pausa y sin darnos cuenta nos habíamos montado al glaciar Marconi y lo que se veía era cada vez más lindo y conmovedor. Se forman pequeños cursos de agua sobre el glaciar que lo convierten por momentos en un mini delta, cuando la piedra desaparece y fuertes grietas aparecen el paisaje es otro que no tiene nada que ver con lo anterior. En matices que no se pueden escribir, el suelo que pisamos va desde el blanco al azul en apenas centímetros cuando el hielo se rompe o cuando simplemente el agua le da forma. A lo lejos vemos derrumbes que nos cuesta enfocar con la vista, pero como el estruendo dura tanto rato y un polvillo blanco de hielo y nieve transforma las laderas de la montaña, terminamos enfocado y quedando inmóviles ante el espectáculo estremecedor.
Un rato más tarde, el suelo hace impostergable el uso de los grampones. Mientras nos los colocamos aprovechamos para intentar encontrar la ruta. Una pala de nieve es definitivamente el lugar más seguro aunque al terminarla no se ve del todo bien la cosa. Pero quizá con otra perspectiva, más arriba, la cosa sea diferente otra vez como la subida al glaciar un rato antes.
No esta vez. Salir del hielo hacia una piedra con pendiente, bien lisa y por la que además caía agua, desde abajo se veía complicado y en el lugar los confirmábamos. Guille fue para arriba sin mochila y llevando una cuerda hizo de primero y una vez que aseguró arriba fuimos subiendo (asistidos por un nudo prusik) hasta terreno más seguro. La seguridad seguía como prioridad pero en esos apenas 20 metros se nos iba una hora más y ya ningún resultado daba bien cuando sacábamos cuentas de cuando llegaríamos al Refugio "Soto" pasando Paso Marconi.
Como fuera, las alternativas a esta hora andaban por avanzar o..... avanzar. Cuando hubimos pasado todos por la roca otra parte bastante rota de Glaciar nos tocaba y con eso algunas dudas en el rumbo. Fui hacia un lado y nos paró un bruta grieta buscamos por otro y el panorama mejoró algo. Dejando atrás el piso agrietado entramos en una pendiente de hielo que una y otra vez nos ponía ante nuestra vista cambios de pendientes que nos hacían fantasear con la llegada al Paso Marconi y con eso, la aparición del Campo de Hielo, terreno plano, riesgos alejados, posibilidad de usar trineos y darle respiro a nuestros hombros y espaladas. Y fantaseando con "la tierra prometida" anduvimos largo rato hasta que la esperanza se alejaba junto con la luz del día. La cosa se ponía un poquito más fea cada vez que ráfagas "fuertecitas" se filtraban desde el Pacifico por el Paso Marconi. "Cierren la puerta gritaba Jose Luis" para alivianar un poco el momento tenso, pero entre el cansancio, la carga, la pendiente, el suelo duro y resbaloso, quedaba claro que el tema estaba fulero y nos concentráramos todos en adivinar la llegada de nuevas ráfagas, agacharnos con buen apoyo contra el piso y ni bien la calma volvía....arriba que lo bueno dura poco!
Yo que había arremetido en punta me iba quedando sin combustible un poco por las horas que hacia que no comíamos y otro poco por la forma en que se va esmerilado el ánimo cuando esos sucesivos cambios de pendiente deparaban una y otra vez más de lo mismo. Guille, que me había visto aflojar un poco desde hacia un rato, me hacia el aguante y Ricardo, en punta buscaba opciones urgentes apurado por el cansancio, la ansiedad y la poca luz. Cuando por fin nos agrupamos los 7 (el paso de los de punta había sido interrumpido por grietas y un verdadero caos de terreno que se forma donde el hielo se junta con las laderas del Cerro Marconi Norte) entre nervios y agotamiento acordamos que al refugio era imposible llegar al ritmo que marchábamos y que más vale que armáramos algo mientras tuvieramos luz. "Tenemos que definir algo y definirlo ahora!" dijo el chato y casi juntos con esa frase empezamos a buscar lugar para las carpas en un lugar horrible, pero no había otro. Con energías para pensar, la noche hubiera sido triste. Quizá de las más feas en la montaña para cualquiera de los 7. Pero todos le encontraríamos el lado positivo al cansancio total que teníamos. En la intimidad de nuestra carpa Guille marcaba el rumbo en eso de no perder el buen humor para que todo se mantenga sobre rieles y yo sentía que me ponía a la altura de las circunstancias. Entre chistes y el armado de una cena digna y calentita fuimos acomodándonos en el espacio imposible de la carpita. Ojalá en las otras carpas tampoco estuvieran tan mal, porque afuera la cosa no parecía nada linda.
Algunos temores sobre como carajo salir de ahí si el pesto seguía, se disiparon prontito, o.....me dormí prontito para ser exacto. A las 5 de la mañana, la luz ya iluminaba el interior de la carpa aunque afuera el viento seguía rugiendo y jugando con nuestra carpa y como esos nenes brutos que no tienen mala intención pero no controlan su fuerza, había quebrado una barilla de aluminio a nuestra humilde morada.

DIA 4 (31 de Diciembre de 2008)

Desde el campamento de urgencia al Refugio "Gorra Blanca". Apenas un rato de caminata y día de ocio para rearmar la tropa.

Afuera nada parecía haber cambiado y salir de la carpa y desarmar el campamento así me resultaba impensable, pero a partir de este punto de la travesía debería empezar a replantearme pensable o impensable, posible o imposible porque esta sería la situación en que deberíamos levantar siempre nuestros próximos campamentos y ponernos a andar.
Luego de algunos gritos entre carpas el consenso fue abrumador. El plan era uno solo. Llegar al refugio, que anoche era imposible pero hoy, con toda la jornada por delante estaba muy cerca; y una vez ahí rascarnos a 20 uñas. Necesitábamos rearmar la tropa, recuparar la moral. Habíamos roto equipo, caminado muchísimo, dormido mal, estábamos mojados y hoy era 31 de Diciembre carajo!
Luego del desayunar, pusimos en marcha los trineos y aunque no eran necesarias también nos pusimos las raquetas. Casi sin esfuerzo y habiendo dejado atrás las pendientes pronunciadas llegamos al refugio que amplio, deshabitado, equipado y en un día despejado se presentaba como el lugar mas maravilloso del mundo para recibir un año nuevo. Desde el lugar, y despejado como estaba, se ven el Fitz Roy hacia un lado y el amplio campo de hielo para el otro en una postal hermosa. Como la moral apenas iba mejorando Guille grito "hoy autorizo 2 comidas!!!" y el almuerzo fue marchando al tiempo que secábamos, bolsas de dormir y ropa aprovechando el sol. A la tarde hubo tiempo para fotos, libros (el refugio tiene una biblioteca bastante interesante), leer el cuaderno de visitas, dormir la siesta, reparar carpas, gastar yerba que todo el mundo se ofrecía a pagar de la de su mochila y casi sin darnos cuenta había llegado la hora de cenar y brindar.
Esa tarde me había sentido bastante mal, primero mareado y luego con un fuerte dolor de cabeza, los síntomas eran los de un hígado que se quejaba, inmediatamente a mi cabeza vino la pregunta de cuanto podía durar esta situación y como seria andar los días siguientes en este estado, pero una pastillita mágica disipó todas las preocupaciones.
De todas maneras la cena, unas bolsas de "campfood", no era lo ideal para mi mejoría insipiente. Así que poquito, tratando de evitar echarle las salsitas que traía (que le hubieran hecho echar chispas al mejicano mas entrenado) y como seguía teniendo hambre compartí con Ricardo una polenta mas suavecita. Estábamos dejando atrás el 2008 así que el escaso medio litro de vino que habíamos trasportado hasta acá, regó la cena y cuando la medianoche se acercaba tapamos apenas los fondos de los vasos con la botellita de champagne que había traído Víctor pensando en este momento y brindamos, acompañados del postre de polenta de Pablo. Hoy en sus dos variantes. Al tradicional de polenta con pasas y esencia de vainilla, le sumo uno de polenta con chocolate y nueces. Después de desearnos lo mejor para el resto de la expedición y para el año que había empezado nos preparábamos para ir a dormir, pero el joven Castro opinó que los festejos no habían terminado. De su mochila sacó una bolsita con material para hacer ruido y como chicos salimos del refugio a quemar pólvora para que nos escucharan todos los vecinos!!! 8 petardos interrumpieron la soledad del campo de hielo con nuestros correspondientes festejos y aplausos. Ahora si, era hora de descansar.

DIA 5 (1 de Enero de 2009)

Desde Refugio Gorra Blanca a Circo de Altares. Día de trineo, cuerdas y raquetas hacia la frutilla de la travesía

Lerdos como siempre (la limpieza y orden del refugio esta vez fue nuestra excusa) arrancamos el primer día del año 2009. Con una marcha ágil gracias a que avanzábamos con los trineos en el suelo y sin raquetas empezamos a disfrutar de la jornada. Nuestro destino era el plato fuerte de la ruta, el circo de altares, pero para eso habría que transitar 15 kms antes. En los primeros momentos aprovechamos a sacar muchas fotos, por la novedad de los trineos y porque el día estaba fantástico y dejaba ver el fitz roy y todos sus picos satélites de una forma soberbia. Después de un rato fue tiempo de encordarnos. Si bien las grietas no parecían ser importantes era bueno ir poniéndonos a tono con esta forma distinta de marchar. Más tarde fue tiempo de raquetas porque nos hundíamos demasiado a cada paso y se hacía cada vez mas cansador. El camino avanza con el cordón marconi a la izquierda y mucho más lejos a la derecha, en Chile, el Cordón Mariano Moreno. Avanzar ahora si, en pleno campo de hielo genera una sensación extraña. Es imponente la planicie que se pierde allá en el fondo cuando nuestra vista no puede más y se siente lindo vivir esta experiencia única pero por otro lado, uno camina, camina y camina y al mirar para los costados tiene la sensación de estar parado en el mismo lugar, de haberse esforzado para no progresar nada. Mi ánimo ese día no podía ser mejor y eso ayudaba a que las diferencias del paisaje al mirar hacia mi izquierda, por imperceptibles que fueran, resultaran un estímulo. Y cuando no veía diferencias algún mecanismo positivo de mi cabeza me hacía entender que por más que no lo pudiera ver, estaba avanzando. Una vez comenzando esa espiral virtuosa, pensaba en que íbamos a buen ritmo, en que estábamos todos perfectos en lo físico, que el clima era bastante bueno y así iba pasando mi día de la mejor manera. Hasta me quedaba margen para intentar aplacar la ansiedad que por momentos aparecía en alguno de mis compañeros.
Casi todo el día las nubes nos dieron una mano, sólo algunos momentos de sol pleno nos llegaban a cocinar. Imaginamos el calvario que debe ser este tramo de la travesía con un día de sol de punta a punta y no podemos más que estarle agradecidos a esas nubes. Cuando aún faltaba bastante para nuestro destino según lo que indicaba el GPS, Apareció el Cerro Torre a nuestra izquierda y caminamos como encantados durante kms a medida que nuestro ángulo de observación iba permitiendo recortar las 4 agujas. La siluetas de las 4 cumbres de la formación (Stanhart, Mermoz, Egger y Torre) pero principalmente la de la principal, El Torre; ejercieron una especie de magnetismo que nos hizo estar parados en el circo de altares casi sin notarlo. Habíamos especulado meses sobre si estaría o no estaría despejado el cielo para ver ese espectáculo cuando llegáramos, habías hecho conjeturas sobre si valía o no la pena demorarnos un día en el lugar en caso que no pudiera verse "el circo" (cosa muy común) a la espera de que por un momento las nubes se corrieran y apenas por un rato pudiéramos ver el espectáculo. Tantas horas de hablar del tema y ahí estábamos con un cielo totalmente despejado para hacernos vivir un momento que será único en nuestras vidas.

Con tiempo y clima bastante amistoso nos apuramos a armar las carpas mientras algunas nubes advertían que era mejor no relajarse hasta no tener el campamento listo. Meta pala fuimos armando defensas de nieve para las 3 carpas y asegurando con "muertos" de bastones, piqueta y raquetas los vientos para que las ya maltrechas carpitas estuvieran en condiciones de soportar el viento fuerte que seguramente llegaría. Siempre llega. Cuando todo estuvo listo nos dedicamos a disfrutar el lugar y el humor del grupo no podía ser mejor. A esta altura ya El Torre y el resto de las agujas estaban tapadas por las nubes. De a poco se empezó a poner frío con el correr de la tarde y el viento empezaba a levantar unos cristales de la superficie del campo de hielo que castigaban fuerte a cualquier parte de piel expuesta. No quedó otra que irnos a la carpa y comenzar con la tarea de "hacer agua" y preparar la cena.
La noche fue como todas las noches, movidita, pero las carpas bien armadas, aseguradas y reparadas con la paresita de hielo y nieve se comportaban excelentes. Un solo sobresalto tuvimos esa noche, por momentos el ruido parecía ser lluvia y como las carpas se encontraban en un pozo, el peligro de que nos tapara el agua nos tuvo alertas por un rato. Continuamente mirábamos si no empezaba a filtrarse agua por el piso pero algo más tarde el sueño pudo más y por suerte nunca entró agua.

DIA 6 (2 de Enero de 2009)

Desde Circo de Altares a Campamento de Urgencia (no llegamos ni a vivac Ferrari ni a Laguna de los Esquies). Día de grietas y mucho cansancio físico y mental.

Una vez más las tareas para desayunar y aprestarse para salir del ambiente cálido donde estábamos para afrontar otra vez la Patagonia. Con mucho cuidado fuimos desarmando todo en medio de, como no podía ser de otra manera, viento y del bueno! Todos los recaudos no fueron suficientes y en un momento una ráfaga le quitó de las manos el aislante a Guille el cual salió disparado hacia el cielo para caer a unos 70 metros sobre el mar de hielo y quedar quieto. Los 7 al mismo tiempo tuvimos el impulso de ir hasta donde cayó a buscarlo cuando se enrollo y empezó a disparar sobre el hielo a gran velocidad empujado por nuevas ráfagas. Adiós colchoncito de Guille! Cuando ya casi terminábamos de armar Víctor casi pierde el suyo pero lo evitó con un salto y un tacle endiablado antes de empezar a rodar.

Hoy era el día de las grietas más importantes así que arrancamos encordados y bien atentos para frenar alguna posible caída de Guille que iba adelante viendo el terreno. Un buen rato fuimos haciendo zigzag buscando pisar el Hielo más oscuro (el firme) evitando la telaraña de nieve más blanca y nueva que se había formado durante la noche cuando el viento va depositando la nieve y la escarcha sobre las grietas más pequeñas. Con paciencia y cuidado fuimos andando ayudados por el hecho de que aún andábamos con raquetas y la mayor superficie de estas hace que el piso resista más. Cuando no quedaba otra que cruzar por lo blanco Guillermo investigaba un poco con su piqueta mientras nosotros nos manteníamos atentos a la cuerda. Una vez comprobado que todo estaba firme, seguíamos la marcha. Así hasta que el piso se puso tan ondulado y roto que marchar con raquetas y arrastrar los trineos era engorroso ya que pasábamos más tiempo destrabándolos que arrastrándolos. "Bueno y corto dos veces bueno" dicen por ahí pero hubiéramos querido que el trayecto apto para trineos fuera mayor. Tener otra vez el peso de las mochilas en hombros y espalda no le hizo gracia a ninguno pero en este punto ya no había otra opción. En éste tramo del trayecto nos encontramos a nuestra izquierda con una imágen particularmente hermosa que despertó nuestra admiración y nuestras ganas de sacar fotos. Un conjunto de glaciares colgantes que parecían afluentes de uno mayor al centro. Daba la sensación de ser el retrato, la imagen congelada (valga la doble obviedad) de montones de arroyos que alimentan al río principal.

A medida que el hielo se pone más irregular y sucio vamos dejando atrás la "etapa blanca" y si bien el tránsito no era del todo cómodo, habíamos ya dejado atrás las grietas que de antemano, al menos en mi caso, generaban bastante preocupación. El paisaje se volvía extraño, misterioso, una tras otra aparecen formas, conglomeraciones de sedimentos, montañitas sobre el hielo de más hielo pero que cubiertas de sedimento en la superficie parecen ser de tierra, prolija y simétricamente ubicadas. Piedras ubicadas en lugares y situaciones inexplicables. Escenas que parecen alejarse de lo real, de lo esperable. Todo esto provocado por el imperceptible pero a la vez inexorable movimiento de la maza de hielo que va desplazando y rompiendo en esa especie de lucha cuerpo a cuerpo entre el Hielo y la piedra de los cordones montañosos adyacentes. Estando en medio del campo de Hielo el paisaje es majestuoso, infinito; estremece. Pero es cuando uno se acerca a las fronteras entre hielo y piedra que uno cae en la cuenta de que ese mar blanco y en apariencia quieto, vive.

El punto en el cual dejar definitivamente el Campo de Hielo era algo que sabíamos no era menor y buscando un punto cargado en nuestro GPS marcado en el año 2000 fuimos saliendo. En un momento, ya sobre la piedra se nos cerró el camino por lo que, debimos haber salido o un poco antes o un poco después del hielo. La segunda opción la teníamos a la vista y no parecía ser esa a pesar de que veíamos unas huellas. Consistía en caminar sobre el glaciar (la lengua que empieza a desprenderse del campo de hielo para dar lugar al glaciar Viedma) pero las grietas parecían muy anchas e imposibles de pasar de lado a lado en alguno de los casos. La otra opción era mucho más arriba y allá fue Guille a buen ritmo a ver mientras el resto tratábamos de sacar alguna conclusión con el mapa, pero dada la escala, no ayudaba de mucho para el lugar y la duda con la que nos encontrábamos. Después de un rato volvió Guille "fusilado" por el ritmo al que había subido y sin haber encontrado ninguna opción para seguir.
Al Hielo de nuevo! la pequeña confusión nos debe haber agregado una hora a la jornada. Más tarde y tratando de ver que podía haber ocurrido con la senda, imaginamos que posiblemente esa era la salida en el momento que se tomó el punto con GPS, sin embargo el retroceso del glaciar hizo que pisando sobre la piedra, nos encontráramos con un salto de unos cuantos metros hasta el hielo y se hiciera imposible seguir por ahí.

Luego de retroceder sobre nuestros paso y otra vez sobre glaciar, las grietas de iban dejando esquivar todas sin mayores problemas, casi no tenía pendiente el hielo y estaba además muy áspero así que la marcha era llevadera pero ya el silencio del grupo casi en el atardecer, mostraba a las claras que el hambre, el cansancio y las ganas de llegar estaban haciendo aparecer varios síntomas de malhumor.

Quedaría un km aún para "Laguna de los esquíes" el lugar para acampar, cuando el primer lugar plano y con algún rastro de agua tomable nos detuvo y la decisión la tomamos en menos de un segundo, nos quedábamos ahí porque ya nadie quería caminar más y si uno no se ponía demasiado exigente, no era tan malo el lugar.
Ni bien nos sacamos las mochilas y empezamos a acomodarnos, nos dimos cuenta que deberíamos haber sido un poco más exigentes. El cansancio y las ganas de parar nos habían jugado una mala pasada. Como si la sentencia de un juez cruel nos hubiera confinado a pasar la noche en el lugar más inhóspito y asqueroso del mundo estábamos armando todo y tratando de no olvidar que nosotros mismos habíamos elegido el lugar. La escena que nos rodeaba deprimía. Una laguna sucia primero, más allá paredes de hielo sucio (los límites norte del glaciar Viedma) hacia atrás piedra desparramada y rota de la forma mas fea que se hubiera podido romper y para darle la última pincelada de Apocalipsis, el único lugar para ubicar las carpas era el lecho de esta laguna glaciaria que aparentemente cuando subía su nivel inundaba esta zona, el resultado, una capa de talco (sedimentos que genera el glaciar en el roce con la roca) que todo lo ensuciaba, todo lo cubría de blanco, la bolsa de dormir, las carpas, el pelo, los ojos. Una mierda de lugar por si no iba quedando claro.

Ya instalados aparecieron visitas, las primeras personas que veíamos desde que abandonamos Piedra del Fraile. Desde los alto parecían no saber muy bien por donde encarar para bajar hasta donde estábamos y a gritos y manotazos le indicamos por donde. Eran 4 rusos (3 flacos y una flaca) que a partir de ahí se iban a convertir en una rara compañía, en primer lugar en los sueños de Ricki que esa noche soñó que trasladaban su carpa al lado de las nuestras en plena madrugada. Pero eso solo en la cabeza de Ricardo que según nos contara mas tarde soñó duro y parejo durante toda esa noche, en la realidad, sería a partir de mañana que compartiríamos la senda con los rusos y que nos veríamos las caras varias veces.

DIA 7 (3 de Enero de 2009)

Desde el campamento asqueroso hasta Camp Laguna Toro. Uno de los días más completos. Ascensos, glaciar, cornisa, tirolesa, lluvia y volver al bosque.

Como ya marcaba la tradición no arrancamos sino hasta las 11 de la mañana y los primeros dimos unas cuantas rondas de mate mientras esperábamos a los últimos. A los tiempos de cada uno ya a esta altura se sumaba el cansancio y las ampollas en los pies de Víctor que eran un verdadero suplicio. Ya cancheros en esto de esperar a la dupla lerda dejamos la carpita armada y nos resultó vital a la hora de soportar el pesto nuestro de cada mañana. En un momento éramos 5 como podíamos en una carpa para dos personas haciendo correr el mate mientras el viento y la lluvia se hacían presentes con todas sus ganas.
Cuando estuvo todo listo arrancamos a paso firme, para pasar primero por Laguna de los esquies y luego por vivac Ferrari.
Más temprano Guille había ideado un sorteo (papelitos incluidos) para los turnos (de 20 minutos cada uno) de llevar la cuerda pesada, porque con el cansancio y lo dolores que aparecían amenazaban en convertirse en motivo de pelea. El sorteo lo excluía a Pablo y a Víctor que venía muy jugado con el peso y con las ampollas. Aún así con todo prolijito la cuerda generó algunos cortocircuitos mientras ascendíamos hacia Paso del Viento. Pero las chispas duraron poco a fuerza de ser tajantes en la aplicación del reglamento. Veinte minutos medidos con cronómetro y el orden estipulado antes de partir para pasarla de mano en mano nos resultaron la mejor de las opciones para ponerle el lomo a la "querida cuerdita"

Sin lugar a dudas este es el día más completo de la travesía, tanto desde los terrenos que pisamos, esfuerzos físicos y tareas que tuvimos que realizar.
Primero pedreros hasta comenzar a subir al paso del viento, una verdadera cumbre festejos incluidos. La vista desde el paso al valle del río túnel, con algunos glaciares primero y allá lejos el río, la vegetación, la vida; nos hizo sentir al llegar a ese punto como una de esa cumbres increíbles que hemos vivido antes. Digo la vida porque esa fue una sensacion intensa que tuve. Allá abajo hay otra vez vida y una sensacion de estar cerca de territorio amigable y seguro me envolvió por unos instantes. Luego del ascenso venía la bajada, unas laderas de ese acarreo que parece desplomarse a nuestro paso (un terreno que me resulto muy parecido a la bajada de Nido de Cóndores a Plaza de Mulas en el Aconcagua). Luego una horita sobre glaciar con una salida complicada a tierra firme producto de que el hielo tenía bastante pendiente, estaba durísimo y algo descalzado de la roca a donde debíamos saltar. Después el paso expuesto donde los vientos "robaban ropa" y equipo que uno descuidara por un segundo. A Ricki una ráfaga le arranco un Polar y lo elevó en un segundo como 15 metros con una violencia que nos dejó con la boca abierta. Llegando a un paso algo complicado decidimos que era mejor hacerlo sin mochilas por lo que tuvimos que bajar las mochis por un salto ayudados de la cuerda y pasar sin peso ahora sí más seguros por la cornisita. Después de ese retraso llegó rápido la tirolesa tan esperada que nos llevó entre expedicionarios y mochilas (las mochis las pasamos solas) más de una hora de trabajos bajo la lluvia. Al rato de retomar la marcha nos enfrentamos a otra decisión. Estaban por llegar las 10 de la noche, llovía como en la época de Noé y el campamento Toro aún no aparecía. Acampábamos donde estábamos o seguíamos "metiéndole pata"? Unas poquitas deliberaciones viendo la Laguna Toro desde el Oeste, cuanto tiempo nos quedaba de luz? a que distancia estábamos? como estaban nuestras fuerzas? y decidimos seguir. En ese último tramo me sentí muy fuerte a pesar de las horas de marcha, del cansancio, de la cuerda de yapa. Algo ansiosos caminamos con lo que nos quedaba por la costa de la Laguna con la vista puesta en los arbolitos que se veían a lo lejos. El Chato comentó en un momento al lado mío que la falta de morfi lo traía desinflado y se me ocurrió que era el momento para darte una buena noticia con una barrita Snicker que me había entregado al principio de la movida. Caminando en forma casi automática y con la lluvia que no aflojaba llegamos al primer arbolito y apenas 30 o 40 metros más adelante nos chocamos con el campamento. La coordinación en el equipo de cada carpa se encontraba en su punto más alto, así que casi sin cambiar palabras armamos las carpas, separamos lo necesario de la mochilas para cocinar y dormir, nos sacamos la ropa húmeda (empapada) bajo la lluvia y ya en la oscuridad total, guardamos el resto dentro de una bolsa grande para que la lluvia no lo mojara del todo y adentro! El olor de la ropa y el equipo húmedo sumado al olor del terreno sobre el que armamos las carpas (a la mañana siguiente nos dimos cuenta que evidentemente estábamos sobre un sector donde se juntan las llamas (o guanacos?) que se utilizan para llevar cargas desde El Chalten hasta este campamento (se juntan y hacen su necesidades digamos) y sumado a nuestro olor hacía casi irrespirable el aire en la carpa. De forma casi incomprensible el humor entre Guille y yo estaba intacto mientras nos quejábamos y nos preguntábamos lo de siempre ¿Quien carajo nos manda a meternos acá? Y nos reíamos de cualquier cosa sin motivos aparentes. Algo de atún y galletitas mientras se hacia el arroz y lo que sobró de atun fue a parar a la olla. Con las panzas llenas solo habia una opción: meterse a la bolsa y descansar.

DIA 8 (4 de Enero de 2009)

Desde Laguna Toro hasta el Chalten. El verde, un color desconocido y la dulce sensación de llegar.

Por fin tendríamos la mañana apacible que esperamos durante toda la travesía, y es que ya la habíamos pagado holgadamente la noche anterior armando el campamento en condiciones bastante tristes.
Hoy parecía haber tiempo para todo y tan solo pensar en que era el día de llegar a El Chalten por momentos nos apuraba apenas un poco, casi nada. Las dudas sobre si alcanzarían o no las provisiones ya se habían disipado así que había que quemar combustible calentando litros y litros de agua para el mate del desayuno, había que cambiar la yerba del mate cada vez que amagara a "lavarse" y al café con leche (por cierto más cargadito de café y de leche en polvo de lo habitual) iba a ir a parar todo lo que quedaba de cereal. Mientras el desayuno de la abundancia corría, aprovechamos la brisa y el amanecer seco de Campamento Toro para secar nuestras cosas, es que absolutamente todo se había mojado anoche y hoy por fin teníamos tiempo y espacio para ventilar las cosas.

Mientras aún desayunábamos pasó un grupo que venía bajando del hielo. Eran algunos que se habían desprendido de otro grupo mas grande que habían comenzado con la idea de hacer la travesía más larga (creo que es la que sale por Estancia Cristina) y luego de algunas jornadas muy duras habían decidido acortar el trayecto (más tarde en el Chalten nos enteraríamos que el grupo que siguió perdió sus carpas por el viento y tendrían que salir de urgencia también por Paso del Viento)

Una vez más (como casi todas las mañanas) arrancamos a las 11 AM porque no era poco el trayecto a recorrer. Un trekking hermoso por lugares exquisitos apenas opacado por el cansancio acumulado, la ansiedad y el peso de las mochilas que no nos daba paz. Primero senderos por el bosque, cruzar algunos arroyos que inclusive deberíamos asegurar con la cuerda, luego algunas praderas hermosas y unos mallines imposibles de evitar. Ese día sentimos la necesidad de parar más veces de lo habitual para comer y descansar. Luego un ascenso hacia el Pliegue Tumbado no tan empinado pero que se hacia duro mas que nada por todo lo acumulado de los días anteriores. La ansiedad crecía de una forma increíble y en cierta forma nos jugaba en contra porque sentíamos que la llegada estaba lejos.
En esa jornada nos cruzaríamos varias veces con los rusos. Que raros esos muchachos! Nos pasaban, se frenaban mirando como a la espera de alguna indicación. Cuando la dábamos parecían no darnos muchas pelota, avanzaban a paso firme para luego encontrarlos otra vez parados descansando pero al parecer sin mucha necesidad de hacerlo, otra vez esas miradas como esperando alguna dato de la senda de nuestra parte y otra vez pasarnos a una marcha mucho más rápida que la nuestra. Esto había pasado durante la jornada de paso de viento hasta que los perdimos en el último tramo. En alguno de los contactos nos comentaron que habían decidido ese día no cruzar la tirolesa porque la lluvia y el viento no les daba mucha seguridad para esa maniobra, así que acamparon antes del cruce y lo hicieron la mañana siguiente mientras nosotros desayunábamos en Campamento Toro. Después de mucho andar los senderos empezaban a mostrar que ya estábamos en una de las zonas de trekkings más habituales porque la senda llegaba a hacerse de medio metro de profundidad en algunas praderas. Y de a poco nos iban a llevar estos senderos a ver nuevamente el Chalten desde la altura. Estaba aun lejos, pero YA ESTABA AHI! frente a nuestros ojos. Solo quedaba caminar.....pero todavía no. En un momento Víctor, El Chato, Guille y yo miramos hacia atrás y nos faltaban 3 del equipo. Luego de esperar un rato apareció Pablo a lo lejos en lo alto de una loma. Pero venía solo. Jose Luis se había dado cuenta en un momento que no tenía su cámara de fotos. Volvió hacia el lugar del último descanso donde suponía que había quedado, Pablo siguió a nuestro encuentro para avisarnos y Ricki se quedó esperando en el lugar con la mochila de Jose. El Chalten estaba ahí pero iba a tener que esperar. Estuvimos un rato largo rascándonos y delirando mientras esperábamos a los dos que nos faltaban hasta que aparecieron con la buena noticia de que había aparecido la Olympus.

Así que seguimos a todo vapor, con más y más ansiedad hasta que guardaparques, euforia, orgullo, si esto no era la felicidad, que vengan y nos expliquen que es entonces. Éramos niños la mañana de navidad con su juguete en la mano, ese objeto ansiado durante tanto tiempo en el momento que uno lo toma por primera vez entre las manos. Pero había además otra sensación flotando en esos momentos de festejos, ese instante era lo que habíamos soñado pero no nos había caído del cielo. Habíamos trabajado duro durante 8 días y habíamos trabajado bien y como si todo esto fuera poco habíamos disfrutado cada segundo de ese trabajo. No queríamos dejar de festejar en la puerta de la seccional de guardaparques y la gente nos miraba extrañada. Esos rostros de cansancio inmenso, bastantes desmejorados no podían estar más iluminados por la alegría que sentíamos

El resto ya tiene que ver con ese estado que gracias a Dios ya he sentido otras veces. Ese estado de volver a transitar por un lugar habitado, de ir con la sonrisa que no se borra, buscar el hostel donde darnos las primera ducha y volver a dormir calentitos y secos. Llamar a nuestros seres queridos y tratar de transmitirles toda nuestra alegría a la vez que ellos recuperan la tranquilidad por saber de nosotros luego de varios días sin noticias. Otra vez comida rica y abundante buscando con ansiedad todos los sabores posibles. Festejar con vino y con cerveza. Reír y recordar las mil anécdotas de esos días con esos otros 6 con los que nos sentimos todo un equipo. Recorrer el Chalten con el pecho inflado, mientras llega la hora de desandar el camino hasta Neuquén.


                                                                                                                                           HC